Natxo Vadillo

El reto ineludible de la rehabilitación segura frente al riesgo de incendio

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En nuestra trayectoria de más de tres décadas en Compitte, donde nos dedicamos a cambiar el paradigma del seguro industrial mediante un profundo conocimiento de los peligros que amenazan a las empresas y patrimonios, hemos comprobado que los riesgos mutan y se adaptan a los nuevos tiempos. Actualmente, nos encontramos ante una encrucijada histórica en el sector de la edificación: la imperiosa necesidad de rehabilitar y construir viviendas con criterios de eficiencia energética está colisionando frontalmente con la seguridad contra incendios. Europa nos exige un esfuerzo sin precedentes para descarbonizar nuestras ciudades y, aunque se estima que España necesita multiplicar por diez su ritmo de rehabilitación para el año 2050, esta transición ecológica no puede erigirse sobre fachadas que actúen como aceleradores del fuego.

Para arrojar luz sobre esta problemática y ofrecer herramientas tangibles de prevención, el Observatorio Nuevos Riesgos de Incendio ha lanzado la versión definitiva de la «Guía de soluciones constructivas combustibles-no combustibles». Este documento nace con una vocación eminentemente didáctica, concebido como una herramienta práctica y visual para que ciudadanos, comunidades de propietarios y profesionales del sector identifiquen con claridad qué materiales y sistemas de fachada favorecen la propagación del fuego y cuáles actúan como escudos protectores.

El dilema europeo y la laxitud normativa española

La Unión Europea ha impuesto directivas muy ambiciosas, como la nueva Directiva de Eficiencia Energética, que exigen reducir drásticamente el consumo y rehabilitar el parque inmobiliario para alcanzar las cero emisiones en 2050. Esta «Renovation Wave» u ola de rehabilitación está propiciando la proliferación de sistemas de aislamiento térmico por el exterior que, lamentablemente, suelen emplear materiales combustibles. El uso indiscriminado de estos elementos genera un efecto colateral crítico, exacerbando el riesgo de tragedias de rápida propagación, como el reciente incendio de Campanar en Valencia.

Si analizamos el panorama europeo, observamos que países como Reino Unido, Dinamarca o Francia han reaccionado exigiendo el uso de materiales incombustibles en fachadas de edificios de gran altura. En marcado contraste, la normativa en España sigue siendo alarmantemente permisiva. El Documento Básico de Seguridad en caso de Incendio (DB-SI) del Código Técnico de la Edificación todavía autoriza el uso de materiales combustibles por encima de los 18 metros de altura y ni siquiera contempla regulaciones específicas para edificios de difícil evacuación, como hospitales o residencias.

El semáforo de la seguridad: las Euroclases

Para combatir este déficit de conocimiento y regulación, la guía del Observatorio recurre a ejemplos visuales muy claros que permiten diferenciar las soluciones de riesgo de las seguras. El eje central de esta evaluación es el sistema europeo de clasificación de reacción al fuego, conocido como Euroclases, el cual funciona como un «semáforo» de la edificación.

Este sistema clasifica los materiales desde la categoría A1, que designa a los elementos totalmente incombustibles que no arden en absoluto, hasta la F, que agrupa a aquellos con una altísima contribución al fuego. Además, el estándar evalúa dos factores que son determinantes para la supervivencia en caso de siniestro: la opacidad y toxicidad del humo (parámetro ‘s’) y la caída de gotas o partículas inflamadas que pueden propagar el fuego a pisos inferiores (parámetro ‘d’). Gracias a esta clasificación, el documento pone de manifiesto el peligro de emplear aislamientos proyectados de poliuretano, sistemas SATE con poliestireno o paneles composite con núcleo de plástico, frente a la robustez y seguridad que ofrecen alternativas no combustibles como la piedra natural, los paneles de fibrocemento, el hormigón o la lana mineral.

Evaluando la vulnerabilidad

Desde la óptica de la gerencia de riesgos que abanderamos en Compitte, donde nos enfocamos en identificar todas las situaciones de peligro reales para diseñar coberturas a medida, la incorporación de una matriz de riesgos en esta guía representa un avance metodológico excepcional. Esta matriz funciona como una herramienta de ingeniería que ayuda a evaluar y priorizar las vulnerabilidades estructurales.

El proceso es metódico: primero se identifican riesgos latentes, como errores de diseño, alta inflamabilidad de los materiales o dificultades para el acceso de los bomberos. Posteriormente, se pondera la probabilidad de que ocurra un siniestro cruzándola con el impacto potencial del mismo, catalogando la situación del edificio en una escala que va desde un nivel «Trivial» hasta un nivel «Intolerable». Esta analítica permite desarrollar planes de acción urgentes, fundamentando decisiones críticas como la sustitución de un revestimiento peligroso o la integración de barreras cortafuegos, transformando un riesgo abstracto en un plan de prevención cuantificable.

Una actualización regulatoria inaplazable

El corolario de la guía es una contundente propuesta regulatoria que busca enmendar las carencias del actual marco normativo español. El Observatorio aboga por una revisión urgente del Código Técnico de la Edificación para blindar los edificios más sensibles frente al fuego exterior.

La propuesta exige elevar el estándar actual para imponer el uso estricto de materiales no combustibles (clasificaciones A1 o A2-s1, d0) en inmuebles de gran altura, en aquellos de pública concurrencia y en recintos de difícil evacuación. Se calcula que estos edificios sensibles de alta ocupación o difícil evacuación representan cerca del 15% del parque inmobiliario español. Para los edificios de altura media, la guía propone como mínimo la mejora hacia materiales menos inflamables y la obligatoriedad de instalar barreras cortafuego en cada forjado para cortar de raíz el avance de las llamas por la fachada.

En conclusión, la «Guía Visual 2026» demuestra de forma rotunda que la transición energética no debe ser una excusa para comprometer la integridad estructural y humana. En Compitte creemos firmemente que la colaboración y la mejora continua son el ADN de la seguridad. Rehabilitar nuestras ciudades aislando térmicamente los edificios es un objetivo loable y necesario, pero dotarlos de una envolvente segura es, sencillamente, una obligación vital. Porque un riesgo bien gestionado no solo abarata los costes económicos de los programas de seguros, sino que salva vidas.

Descarga o consulta la «Guía de soluciones constructivas combustibles-no combustibles», aquí.

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