Natxo Vadillo
El mentoring intergeneracional como escudo estratégico frente al gran relevo industrial
- auditoría de la cadena de valor
- Estrategia
- gerencia de riesgos
- I+D+i en seguros
El tejido empresarial español se enfrenta hoy a una de las transformaciones estructurales más profundas de su historia reciente: la jubilación masiva de la generación del baby boom. Este desafío demográfico y de gobernanza amenaza con descapitalizar intelectualmente a las organizaciones antes de que el relevo generacional asuma el control de los procesos críticos. En entornos de alta especialización técnica, como la industria manufacturera y el sector asegurador, la pérdida del conocimiento acumulado durante décadas constituye un riesgo operacional latente que compromete la viabilidad de las compañías.
Ante esta coyuntura, la gerencia de riesgos debe evolucionar para incorporar el factor humano y la transferencia del conocimiento tácito como pilares esenciales de la integridad corporativa. Y la estructuración de programas formales de mentoría intergeneracional es la herramienta más eficaz para evitar que la experiencia acumulada se extinga con la salida de los profesionales sénior.
La marea demográfica y la quiebra silenciosa del relevo técnico
La realidad demográfica de España presenta una pirámide de población notablemente invertida, caracterizada por tasas de natalidad en mínimos históricos y una esperanza de vida que continúa en ascenso. Este desequilibrio genera una base de trabajadores jóvenes cada vez más estrecha en comparación con el volumen de profesionales altamente experimentados que se aproximan a la jubilación.
Las proyecciones del INE indican que en los próximos años la población mayor de 64 años superará los doce millones de personas, representando a una cuarta parte del total nacional. Esto provoca una quiebra en la tasa de reemplazo generacional: por cada tres jubilaciones de la población activa, únicamente se incorpora un joven al mercado de trabajo. Esta brecha es crítica en regiones industriales como Euskadi, donde la participación de menores de 25 años en el mercado laboral es de solo el 27%, muy por debajo de la media nacional del 37,8%.
Este déficit de sustitución es severo en sectores técnicos estratégicos. Por ejemplo, el sistema portuario e industrial español necesita cubrir de forma inminente miles de vacantes de ingenieros navales, especialistas en automatización y analistas de datos para evitar cuellos de botella antes de 2031.
Asimismo, la industria española sufre el desajuste de talento con más de cien mil vacantes sin cubrir en mecatrónica, mantenimiento y automatización, a pesar de ofrecer contratos indefinidos en el noventa por ciento de los casos y salarios un dieciocho por ciento superiores a la media. Pero mientras el mercado reclama técnicos de forma urgente, los plazos exigen una productividad inmediata que impide confiar en los procesos de onboarding tradicionales de meses, ensanchando la brecha operativa justo cuando las compañías menos pueden permitírselo.
Cuando un tornillo defectuoso puede destruir una compañía
Bajo el prisma de la gerencia de riesgos moderna, la pérdida de personal clave y la fuga de conocimiento representan amenazas críticas para la estabilidad corporativa. En la pyme industrial (el segmento prioritario donde opera Compitte), la dependencia de técnicos altamente experimentados es extrema.
La filosofía de Compitte concibe al gestor de riesgos como un profesional multidisciplinar encargado de evaluar y mitigar los infinitos riesgos que amenazan los activos, la reputación y la continuidad de las operaciones. En sectores de altas exigencias técnicas, como el naval, aeroespacial o de la energía, el conocimiento táctico de los operarios e ingenieros sénior es el principal activo de seguridad operacional; cuando desaparece, el negocio queda expuesto a pequeños fallos invisibles que desencadenan pérdidas catastróficas.
El gerente de riesgos de Compitte, Natxo Vadillo, recurre a un caso real del sector manufacturero para ilustrar este riesgo. Una pyme dedicada a la fabricación de tornillería de aleación de precisión mezcló por error un único tornillo de aleación incorrecta en un lote enviado para la climatización de un rascacielos. La fatiga prematura de la pieza provocó el fallo completo de los sistemas del edificio durante un fin de semana, derivando en reclamaciones millonarias que forzaron la quiebra definitiva del fabricante.
Siniestros de este tipo, causados por la falta de supervisión experta o del reconocimiento de patrones de los técnicos veteranos, demuestran que la transferencia de conocimiento es una herramienta indispensable de mitigación que los seguros tradicionales difícilmente pueden sustituir sin una rigurosa ingeniería de riesgos.

La paradoja del edadismo, el gran punto ciego en la gestión del talento
A pesar del valor innegable de la veteranía, el mercado laboral español sufre de una preocupante paradoja caracterizada por el edadismo corporativo. Cuatro de cada de diez desempleados en España superan los 45 años de edad, una frontera invisible en la que el trabajador parece perder validez ante prejuicios sesgados sobre su adaptabilidad tecnológica, su rigidez salarial o una supuesta falta de entusiasmo frente a los perfiles más jóvenes.
Esta discriminación por edad empuja a muchas organizaciones a prescindir de profesionales con décadas de experiencia útil para reducir costes estructurales a corto plazo, ignorando que la desvinculación prematura de estos activos destruye el capital intelectual más difícil de replicar. Perder el empleo a partir de los 45 años en España supone afrontar barreras severas para reincorporarse al mercado laboral, lo que cronifica el desempleo sénior en una etapa de plenitud profesional.
Esta exclusión sistemática del talento maduro choca frontalmente con la necesidad de las organizaciones de mitigar sus riesgos operativos y estabilizar sus procesos técnicos. Mientras las empresas se quejan de la escasez de perfiles cualificados y del vacío que dejan las jubilaciones, continúan autolimitando su capacidad de respuesta al marginar a profesionales intermedios que aún tienen décadas de contribución de valor por delante.
Corregir este sesgo edadista no es solo un compromiso ético de responsabilidad social, sino una decisión de gobernanza corporativa de primer nivel para la sostenibilidad de las organizaciones. Integrar de forma óptima el talento sénior dentro de las plantillas activas permite crear estructuras sólidas, equilibradas y preparadas para absorber los cambios disruptivos de un mercado en permanente transformación.
Coaching frente a mentoring: el arte de estructurar la memoria corporativa
Para estructurar una transmisión de competencias eficaz, la dirección de recursos humanos debe discernir con claridad entre el coaching directivo y el mentoring intergeneracional. El coaching tiene una orientación a corto plazo y se enfoca en objetivos individuales mediante preguntas estructuradas que guían al colaborador para que halle sus respuestas en una relación simétrica entre iguales.
Por el contrario, el mentoring es una metodología de largo plazo centrada en el crecimiento progresivo, la formación de la identidad profesional y la transmisión de conocimientos tácticos. Se fundamenta en una relación asimétrica marcada por la credibilidad y veteranía del mentor, quien comparte directamente sus experiencias, contactos y lecciones aprendidas. El mentor no solo imparte instrucciones procedimentales; actúa como un transmisor de la cultura de seguridad, reduciendo la curva de aprendizaje de los jóvenes y evitando la repetición de costosos errores del pasado.
Programas corporativos exitosos confirman la viabilidad de estos modelos. Firmas como Volkswagen implementaron con éxito programas basados en parejas de mentoría diseñadas para fomentar la complementariedad de competencias intergeneracionales. Asimismo, la iniciativa «SAVIA Twins» (impulsada por Endesa en colaboración con la plataforma Generación SAVIA) ha validado metodologías de mentoría en las que técnicos sénior acompañan y actualizan las habilidades de profesionales en transición, demostrando que el intercambio bidireccional enriquece profundamente a la organización.

APSS: uniendo gerencia de riesgos y talento sénior
En este contexto de revalorización del talento maduro y de lucha contra la pérdida de conocimiento técnico, se encuadra la reciente incorporación del CEO de Compitte, Natxo Vadillo, a la Asociación de Profesionales Sénior del Seguro (APSS). La APSS es una organización de referencia nacida con la misión de combatir de forma activa el edadismo institucional, fomentar la colaboración intergeneracional y facilitar la transferencia de la vasta experiencia de los profesionales del seguro hacia las nuevas generaciones.
Su junta directiva, presidida por Luis San Juan y secundada por los vicepresidentes Ana de Gregorio y Guillermo Gil, el secretario Gonzalo Iturmendi, el tesorero Rafael Castejón y vocales de la talla de José Luis Calderón, Óscar Paz y Nieves Malagón, promueve activamente el enfoque integrado «Comprender, Concienciar y Capacitar». Entre sus actividades destacan programas de mentoring directo e inverso, talleres de transición profesional y el fomento de becas de investigación sobre el talento sénior asegurador. Un reflejo de la relevancia de esta asociación es la reciente incorporación de AXA España, que ha firmado su adhesión a la APSS aprovechando la celebración de la asamblea ordinaria en su sede de Madrid.
Para Compitte, la participación activa de director general en la APSS consolida un puente metodológico estratégico entre la gerencia de riesgos industriales y el sector del seguro. Retener el conocimiento de los peritos de daños, suscriptores especializados y actuarios es idéntico a la necesidad de preservar la experiencia de los ingenieros de una planta industrial. Al integrar las mejores prácticas de mentoring de la APSS dentro de las metodologías que Compitte aplica a sus clientes, se logra mitigar de forma proactiva el riesgo de la fuga de capital intelectual, optimizando la siniestralidad técnica y mejorando la eficiencia de las pólizas industriales.
Políticas corporativas para blindar el saber hacer
La alta gerencia y los consejos de administración de las empresas industriales y aseguradoras deben asumir que el riesgo de fuga de conocimiento por jubilación exige un marco de control estructurado en su gobernanza operativa. No es posible delegar la continuidad de una organización compleja en procesos de transferencia improvisados en las últimas semanas previas a la desvinculación de un profesional.
Por ello, las empresas deben priorizar planes de sucesión tempranos, identificando aquellos puestos críticos que se encuentran a menos de tres años de la jubilación de su titular, asignando un sucesor interno y diseñando un plan de convivencia bajo una estructura formal de mentoría.
Asimismo, resulta fundamental crear repositorios interactivos de lecciones aprendidas. Cada cierre de un gran proyecto técnico o resolución de un siniestro industrial debe llevar aparejado la grabación de soportes audiovisuales y memorias donde el especialista detalle las dificultades encontradas, imitando metodologías de vanguardia como las empleadas por el Jet Propulsion Labs de la NASA.
Finalmente, es indispensable fomentar una cultura de aprendizaje compartido que premie y reconozca a los profesionales sénior que demuestren una implicación real en documentar sus procesos y formar generosamente a los perfiles júnior, consolidando la lealtad de la plantilla y un clima de colaboración libre de rivalidades. Esta puesta en valor de la experiencia garantiza que la precisión, el rigor y la seguridad operacional continúen siendo el soporte de la competitividad económica de las futuras generaciones.
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