Natxo Vadillo
El último vuelo del ingeniero discreto: adiós a Iñaki López de Gandásegui
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El sector industrial ha amanecido hoy huérfano, sumido en ese silencio denso que dejan tras de sí los gigantes cuando se marchan sin avisar. Iñaki López de Gandásegui, el ingeniero de Bermeo que se atrevió a mirar al cielo cuando la mayoría aún miraba a la tierra, falleció la pasada noche a los 74 años de edad. Su muerte, repentina e inesperada tras sentirse indispuesto ayer después de asistir a un encuentro del foro Zedarriak en Bilbao, ha sacudido los cimientos del tejido empresarial. Se nos ha ido el fundador de Aernnova, sí, pero sobre todo se ha marchado un visionario que demostró que desde Euskadi se pueden fabricar las alas que mueven el mundo.
Para quienes nos dedicamos a la consultoría y la estrategia industrial, y muy especialmente para la familia de Compitte, Iñaki no era solo un nombre en los titulares económicos o en los ránkings empresariales; era un faro. Su trayectoria encarnaba todo lo que intentamos transmitir en nuestro día a día: la audacia para innovar, la robustez en la gestión y, por encima de todo, un compromiso inquebrantable con el territorio. En nuestras oficinas, su figura siempre ha sido un referente de magisterio silencioso, un espejo en el que mirarse para entender que la competitividad no está reñida con los valores.
Nacido en 1952, López de Gandásegui llevaba el carácter bermeano grabado a fuego: serio, reservado, huía de los focos con la misma determinación con la que perseguía la excelencia técnica. Ingeniero Industrial por la Escuela Superior de Bilbao, su carrera fue un ascenso constante por la columna vertebral de nuestra economía: desde sus inicios en Sener e Iberduero hasta su etapa crucial como Consejero Delegado de Gamesa en 1995. Fue allí donde su olfato estratégico brilló con fuerza, impulsando dos apuestas que entonces sonaban a ciencia ficción: la energía eólica y la aeronáutica.
Pero fue en 2006 cuando Iñaki dio el paso definitivo que consagraría su legado. En una operación de audacia financiera e industrial, segregó la división aeronáutica para fundar Aernnova Aerospace. No fue un camino de rosas; tuvo que sortear recelos financieros y navegar tormentas institucionales, pero su pulso nunca tembló. Hoy, esa empresa que él imaginó es un gigante global con miles de empleados, proveedor de primer nivel para Airbus, Boeing o Embraer, y una prueba viviente de su tenacidad.
Hasta su paso a la copresidencia en 2025, Iñaki lideró la compañía con una mezcla de rigor técnico y visión global. Su fallecimiento llega en un momento bisagra para la empresa, que se preparaba para presentar su nuevo Plan Estratégico 2026-2028. Sin embargo, si algo caracterizaba a Gandásegui era su capacidad para construir equipos y estructuras sólidas; deja una casa bien cimentada, preparada para seguir volando alto a pesar de la inmensa ausencia de su capitán.
Las reacciones no se han hecho esperar. Desde el Lehendakari Imanol Pradales hasta la patronal Confebask, todos coinciden en destacar su honestidad y su entrega. Pero más allá de los comunicados oficiales, queda el poso humano. Iñaki era de esos líderes que hacían país haciendo empresa. Su legado no son solo las factorías o los contratos millonarios, sino la certeza de que la industria vasca puede competir de tú a tú en la liga de los campeones mundiales.
Desde Compitte, nos sumamos al dolor de su familia, de sus amigos y de todos los compañeros de Aernnova. Hoy el cielo está un poco más gris sobre Bermeo, pero gracias a Iñaki, estamos mucho mejor equipados para surcarlo. Goian bego, Iñaki. Tu vuelo continúa en cada pieza que diseñaste y en cada ingeniero que inspiraste.