Un monólogo en todos los sentidos ha sido el partido que acaba de terminar. Nuestra selección ha demostrado una supremacía aplastante en todos los sentidos y sin embargo hacemos las maletas y todos de vuelta.

El anti fútbol motivado en una férrea defensa, que, a pesar de su escasa técnica, ha podido sobrevivir gracias desde luego al jugador número doce, que en esto si que hay que reconocer que su afición se ha dejado la piel generando una olla a presión en su flamante estadio moscovita.

Es injusta la eliminatoria ya que todo el mundo reconoce que La Roja es tremendamente superior y una seria candidata a conseguir su segundo mundial.

Sin embargo, desde la traición de su seleccionador cuando nos dejó en capilla, estos pobres chicos no han levantado cabeza y bastante han hecho a mi saber y entender.

Este mensaje tan cotidiano es lamentablemente muy frecuente en la industria, donde por desgracia a veces ganan mediocres que, por su fortaleza, músculo, condición política, lobby o influencia, consiguen suculentos contratos, apartando del camino a la pasión, ilusión, innovación y el conocimiento de los especialistas en determinadas materias como es en nuestro caso la gerencia de riesgos.

Da mucha rabia la verdad, pero al igual que el árbitro del partido no ha tenido suficientes agallas para pitar el claro penalti a pesar del VAR, muchos responsables de las empresas que toman decisiones en algunas ocasiones continúan con lo malo conocido que lo bueno por conocer. Yo a esto le llamo el vértigo de la decisión, otros le llaman el rechazo al cambio.

Gracias a Dios esto no siempre es así y poco a poco algunos pequeñitos, pero con mucho rock and roll conseguimos pelear de igual manera que nuestros chicos lo han intentado contra la selección anfitriona.

No cabe otra cuando injustamente has sido eliminado del proyecto que no derrumbarse, mantener intacta la autoestima, procurando que no decaiga la motivación del equipo, de tu equipo de personas que se dejan la piel en la cancha de juego tan canalla como es el día a día empresarial.

Natxo Vadillo – Compitte –