Lo que yo llamo como poscovid – quizás expresión demasiado soviética -, será la respuesta a todas las incertidumbres que ahora nos están preocupando, en lo humanitario en primer lugar, lo económico en segundo lugar, geopolítico, etc…

En ese momento, que espero llegue lo antes posible, haremos un balance de lo aprendido y estoy seguro, que la sociedad en general cambiará o espero que cambie a mejor, tanto en sus relaciones cotidianas, como en los caníbales comportamientos de la economía más liberal jamás conocida.

Como dice un buen amigo y cliente, ahora mismo, sólo nos queda que cuando esto acabe tu conciencia esté satisfecha de haber hecho todo lo que podías por los demás. Ojalá nos haga reflexionar y valorar más y mejor lo que tenemos, y podemos disfrutar que no apreciamos, hasta que nos lo quitan.

Desde mi óptica profesional a lo mejor se abren entre otras muchas oportunidades dos muy concretas que quiero apuntar hoy. La primera es la dependencia del exterior para nuestro suministro local y la segunda cerciorarse con profundidad antes de la compra de un producto o el disfrute de un servicio.

Sobre la primera se abre un debate para la dinamización de políticas que ayuden a que nuestro tejido empresarial cada vez tenga una balanza más favorable a lo ibérico frente a la importación, con todas las dificultades que ello conlleva pero que merece la pena plantearlo.

Y sobre la segunda, quiero aprovechar el ejemplo de Wimbledon. Al inicio de la crisis desde el Mobile World Congress que fue la gran feria que primero se suspendió, me llovieron decenas de llamadas de clientes asustados que habían invertido dinero para acudir a otros eventos y que todos supondría que se cancelarían.

Todos me decían ¿y quién me paga la inversión? Con todos los gastos que llevo, ¿cómo va a ser posible que nadie se haga cargo?

Observemos a los ingleses. El único de los cuatro Grand Slams que se ha protegido es Wimbledon. Para ellos la pérdida de su competición, suponen 250 millones de libras y un beneficio cercano a 4,5 millones. Sabedores de su exposición tan concreta, focalizada en un periodo único, que el trabajo de un año entero está entre alfileres, decidieron contratar un seguro se suspensión que subsana las pérdidas y que ampara entre otras muchas otras cosas las pandemias.

Moraleja, aviso a navegantes. Muchas de las inquietudes tienen sus respuestas en la industria que yo represento. A lo mejor antes de dar el paso como expositor debo de exigir las condiciones generales de contratación del promotor y entre otras sugerencias la contratación de un seguro por este, de suspensión de eventos.

Natxo Vadillo – Compitte –