Domingo de Adviento. En términos cristianos es el periodo litúrgico de preparación a la Navidad, en las cuatro semanas que la preceden.

En términos políticos, se inicia un apasionado debate político, nunca visto en democracia en este país donde las encuestas vaticinan una igualdad entre cuatro corrientes bien distintas.

Mañana día 30 de noviembre, Winston Churchill cumpliría 141 años (1874-1965).

Gracias a un amigo me he dado cuenta que este genial político y estadista británico, considerado como uno de los grandes líderes de la guerra, está más de moda que nunca, si analizamos su notable verborrea y oratoria que indignaba a sus enemigos y cautivaba a sus seguidores.

Churchill nos regaló para siempre las siguientes perlas que me permito rescatar, para las conclusiones de cada cual, en esta rabiosa actualidad que vivimos. Atentos.

 El éxito es aprender a ir de fracaso en fracaso sin desesperarse.

 Un fanático es alguien que no puede cambiar de opinión y no quiere cambiar de tema.

 El éxito no es definitivo, el fracaso no es fatídico. Lo que cuenta es el valor para continuar.

 El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones.

 Si el presente trata de juzgar el pasado, perderá el futuro.

 Una buena conversación debe agotar el tema, no a los interlocutores.

 Las críticas no serán agradables, pero son necesarias.

 Soy optimista. No parece muy útil ser otra cosa.

 Las actitudes son más importantes que las aptitudes.

 Mejorar es cambiar; así que para ser perfecto hay que haber cambiado a menudo.

 Valor es lo que se necesita para levantarse y hablar; pero también es lo que se requiere para sentarse y escuchar.

 Cuanto más atrás puedas mirar, más adelante verás.

 El político debe ser capaz de predecir lo que va a pasar mañana, el mes próximo y el año que viene; y de explicar después por qué fue que no ocurrió lo que el predijo.

 El problema de nuestra época consiste en que sus hombres no quieren ser útiles sino importantes.

 Personalmente siempre estoy dispuesto a aprender, aunque no siempre me gusta que me den lecciones.

 Tras un recuento electoral, sólo importa quién es el ganador. Todos los demás son perdedores.

 La salud es un estado transitorio entre dos épocas de enfermedad y que, además, no presagia nada bueno.

 La democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás.

 El vicio inherente al capitalismo es el desigual reparto de bienes. La virtud inherente al socialismo es el equitativo reparto de miseria.

 La imaginación consuela a los hombres de lo que no pueden ser. El humor los consuela de lo que son.

 A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada.

 La política es más peligrosa que la guerra, porque en la guerra sólo se muere una vez.

 La democracia es el peor sistema de gobierno diseñado por el hombre. Con excepción de todos los demás.

 El diplomático es una persona que primero piensa dos veces y finalmente no dice nada.

 Existen tres tipos de personas; aquellas que se preocupan hasta la muerte, las que trabajan hasta morir y las que se aburren hasta la muerte.

 Las citas, cuando quedan esculpidas en nuestra memoria, nos sugieren pensamientos originales; además, despiertan en nosotros el deseo de leer a los autores de los cuales han sido tomadas.

 Me gustaría vivir eternamente, por lo menos para ver cómo en cien años las personas cometen los mismos errores que yo.

 Las palabras antiguas son las mejores, y las breves, las mejores de todas.

 Aunque personalmente me satisfaga que se hayan inventado los explosivos, creo que no debemos mejorarlos.

 Nunca en el campo de los conflictos humanos, tantos le debieron tanto, a tan pocos.

Veremos si después de este periodo de adviento electoral la sociedad otorga la confianza a un Winston Churchill del siglo XXI.

Ojalá

Natxo Vadillo – Compitte