Burgos. Madrugada del 16 de noviembre de 2014. La emblemática fábrica de productos cárnicos Campofrío arde en llamas sin control.

Se produce una espesa humareda que provoca dos accidentes entre camiones y turismos en la cercana N-1.

Las autoridades desalojan los barrios residenciales cercanos al polígono industrial por el temor que el amoniaco utilizado en la planta ocasione una nube tóxica.

Estupor, indignación, dolor se manifiestan en todos y cada uno de los más de mil trabajadores que hasta la fecha presumían de tener un puesto de trabajo más que digno.

En apenas unas horas la fabrica colapsa, los bomberos no pueden hacer más que enfriar el amasijo de escombros que se ha convertido una empresa de elaboración de productos cárnicos de primer nivel en todo el mundo.

Un día después la dirección de la multinacional y las autoridades comunican que el compromiso con Burgos y sus habitantes sigue en píe y que en el 2016 volveremos a tener de nuevo la fábrica a pleno rendimiento.

Esta breve crónica de una noticia la quiero aprovechar como ejemplo, que desde ahora mismo deseo y confío, pase a ser una pesadilla donde rápidamente todos – trabajadores, responsables, autoridades, público en general – lo consideremos un episodio de cómo hay que sobreponerse ante las catástrofes.

Además de la alarma social que provoca que miles de trabajadores acudan temporalmente a una situación de regulación de empleo por causa de fuerza mayor, hay que pararse a pensar en todas las consecuencias que ante este siniestro tienen por delante que acometer los responsables de Campofrío en estrecha colaboración con su seguro, el bróker y el servicio pericial especialista.

Por un lado y de forma prioritaria esta, que no puede fallar la falta de suministro al consumidor final de los productos de la marca. Esto implica desde luego dimensionar el resto de plantas para que puedan ser capaces de conseguir el mismo ritmo productivo de la que ahora falta.

Por otro lado están unos costes ingentes de transportes de productos elaborados y de sus materias primas, las cuales no tenemos que olvidar afectan también a centenares de ganaderos y agricultores de Castilla y León.

La reconstrucción de la edificación con todo su equipamiento que hablan de centenares de millones de euros. Pero es que además no es baladí todos los gastos de desescombro, descontaminación, recuperación, tratamiento de residuos, etc… que hay que gestionar de forma diligente y que desde luego incurren en un extraordinario gasto.

Las licencias, tasas municipales, honorarios de profesionales, que tienen que ahora en un tiempo record, volver a rediseñar todo un complejo industrial con todas sus instalaciones, con un cumplimiento férreo de las normativas a la industria que nos encontramos y con una tecnología de materiales que requieren toda una especialización también es un gasto asombroso.

Todo esto sin tener que lamentar, gracias a Dios, ninguna víctima personal y sin tener que parar la normalidad de la ciudad por la labor de los bomberos en mitigar los riesgos, que de lo contrario inundaría de expedientes de reclamaciones patrimoniales los despachos de los aseguradores que deben de afrontar la millonaria reconstrucción.

Sin tener mucha información sobre quién anda detrás, dando soporte ante este enorme siniestro, algo me dice que seguramente será un ejemplo.

Pero quiero llamar la atención aprovechando este caso para que analicen por favor si tienen adecuadamente dimensionados sus seguros industriales.

No vale solo con pararnos a pensar si incurrimos o no en un infraseguro sobre nuestra adecuada valoración de los activos. No, no es suficiente. Hay que valorar si el capítulo de gastos es suficientemente musculoso, si las tecnologías constructivas pueden provocar un siniestro total como el que nos ocupa, si las capacidades en coberturas de lucro cesante son adecuadas al riesgo, si las sumas aseguradas en responsabilidad civil responden al perjuicio real que pueda ocasionar a mi entorno.

¿Y la falta de abastecimiento de mis productos al mercado por un lado,  y el perjuicio ocasionado a la cadena de suministro por otro? ¿Lo tengo medido?

Lamentablemente hay que decir que NO. Rotundamente NO.

Quitando programas de seguros de primer nivel,  como el que seguramente estará respondiendo ya a la malograda Campofrío y otras empresas de su nivel o incluso del Ibex 35, me atrevería a aseverar que NO, que no tenemos adecuadamente dimensionados los programas de seguros.

La pregunta es ¿es posible tener un seguro con garantías, que tenga suficiente respuesta ante una catástrofe similar y a un precio razonable?

La respuesta es SI. Rotundamente SI.

Ahora bien. Para ello es necesario pararse a reflexionar con la colaboración de especialistas de verdad que nos orienten y asesoren organizando y dimensionando una solución razonable.

Esta es la metáfora que me he atrevido a reflexionar con Uds para seguir mejorando entre todos nuestro mapa de riesgos.

Lamento profundamente la situación que viven las personas directamente afectadas y les doy todo mi apoyo, sabedor de que estoy convencido que ante la adversidad saldrán fortalecidos.

Reflexionen señores empresarios por favor.

Gracias.

Natxo Vadillo – Compitte –

Imagen de El Mundo.es