Las catástrofes naturales siguen y siguen continuamente azotando a la misma pobre gente. La zona Asia – Pacífico parece estar destinada a tener que soportar los embates del mar, todo ello en gran parte motivado por la mano del hombre y su poder sobre el cambio climático.

Filipinas en este último episodio es un país derrumbado física y moralmente. Miles de personas han fallecido, centenares de miles de personas desplazadas y mientras tanto occidente como siempre mirando hacia otro lado.

En un mundo donde el espionaje está a la orden del día, que no se destinen medios tecnológicos que existen para poder alertar a la población de estos territorios me parece terrible. Que no se faciliten recursos suficientes para la mejora a la exposición de la naturaleza a estas poblaciones más aún. Pero lo que ya me parece del todo repugnante, es que en periódicos como el Francés “Le Figaro”, anuncien hace unos días, que el 60% de sus lectores no ayudarían a las víctimas del tifón en Filipinas.

De acuerdo que la corrupción es una pandemia en la clase política mundial, de acuerdo que se derrochan ingentes cuantías en la cooperación sin dejar evidenciados sus logros, pero esto no quiere decir que sigamos mirando hacia otro lado, permitiendo seguir contaminando, legislando sobre cosas banales (como la última sobre la prohibición de las aceiteras), sin condenar a los responsables de grandes catástrofes ecológicas como el caso Prestige, sin imputar a los máximos responsables en el caso Nóos por mucha alarma social que provoque, viendo cómo Su Santidad el Papa Francisco hace declaraciones como “tendríamos que atar con una piedra de molino a los corruptos y lanzarlos al mar”.

Hombre por Dios. Ni debemos ser tan gélidos como los lectores franceses y ni podemos tomarnos la justicia por la gracia divina.

Natxo Vadillo – Compitte