Desde que ocurrió el desastre de la central nuclear de Fukushima, atacada por aquel fatal terremoto y tsunami ya hace más de tres años, el 11 de marzo de 2011, hemos sido observadores de una cadena de errores uno tras otro, bien por la incompetencia de las autoridades o bien por los técnicos que trabajan para el explotador de la central Tepco.

Hace unas semanas se informó, que las autoridades Japonesas están preparado la instalación de un muro “congelado” que evite que el agua subterránea procedente de los montes aledaños, se mezcle con las aguas y edificios tóxicos próximos al reactor de Fukushima con el fin de impedir la contaminación y su posterior derrame al mar.

Técnicos Norteamericanos expertos en está técnica, son muy escépticos de los resultados de la misma en el caso que nos ocupa. Los muros congelados se suelen usar para contener aguas subterráneas para facilitar las excavaciones en sitios de construcción de minas, pero para este caso hace falta técnicos especializados ya hay que asegurarse de que quien lo haga analice todo lo que pueda salir mal y sus repercusiones para tener preparado un plan de contingencia que minimice las fatales consecuencias.

Mientras tanto, fruto de la desesperación se siguen cometiendo errores como el bombeo de más de 300.000 toneladas de agua radiactiva a tanques instalados precipitadamente que son vulnerables a terremotos futuros y que de hecho ya tienen filtraciones.

O como por ejemplo el pasado abril se traslada por error 203 toneladas de agua altamente radiactiva a instalaciones que no estaban debidamente acondicionadas para recoger el vertido ya que fueron enviadas a los sótanos de la central mediante cuatro bombas que “no deberían de estar funcionando”.

Desde luego que la situación es complicada, el siniestro en sí parece una pesadilla, los humanos estamos expuestos a cometer errores, pero lo cierto es que lamentablemente me resulta difícil de comprender errores de bulto tan previsibles que no hacen más que perjudicar continuamente la cadena trófica de los mares del entorno que a buen seguro nos afectará a todos nosotros.

Natxo Vadillo – Compitte –