Organizado por el Ministerio de Fomento a través de Aesa (Agencia Estatal de Seguridad Aérea) y Aerpas (Asociación Española de Rpas), se versó a través de cinco grupos de trabajo con el propósito de poner en contacto a todos los agentes del sector, las autoridades reguladoras, los usuarios actuales y potenciales, con el fin de repasar la situación actual de los sistemas aéreos pilotados remotamente (Rpas).

En formato de  talleres, que tenían el fin de sacar conclusiones, para conseguir una legislación acorde a las necesidades. En consecuencia se debatió sobre regulaciones, integración en el espacio aéreo, aspectos civiles y militares, certificaciones, aspectos industriales y de mercado, la problemática de los seguros de Rpas en España, la educación y aspectos genéricos.

Los ponentes que acudieron eran las máximas autoridades en materia aeronáutica representantes a su vez de organismos como Fomento, Eurocontrol, Inta, Sesar, Easa, Jarus, EuroUsc, Aesa, Aerpas, Tedae, etc…

España es el cuarto país productor de Europa, tenemos unas condiciones idílicas para avanzar en la investigación de esta tecnología, dado que el  país es extenso, con poca densidad de población, con poco tráfico aéreo, con excelentes condiciones meteorológicas y con infraestructuras instaladas inutilizadas.

Existen ya distintos  sistemas que utilizan las Fueras Armadas y que fueron presentados, diferenciados por categorías en función de su alcance, autonomía, velocidad, envergadura y peso de despegue, con distintas tecnologías siendo las más comunes ala fija, ala rotatoria, etc…

Los distintos sistemas en tierra y embarcados se aplican tanto en el ámbito civil como militar en función de la especialidad, así por tanto, no requieren la misma tecnología Rpas de reconocimiento, que de vigilancia del riesgo de piratería en el Índico, como al filmación de películas o la grabación de deportes acuáticos a vela y un largo etcétera.

Se trata de una industria altamente tecnológica que tiene el reto de poder demostrar que la fiabilidad del sistema en la operación no tiene fallos y que obviamente el riesgo de ocasionar daños a las personas y las cosas además de las  tecnologías embarcadas es muy remoto o prácticamente inexistente.  En este aspecto la Ley de Moore tiene una participación muy directa y extrapolable de igual manera que ha avanzado en la telefonía por ejemplo.

Tenemos ante nosotros muchas oportunidades ya que está todo por hacer en sistemas de misión, comunicaciones, espacio radio eléctrico, certificaciones, estaciones de control en tierra, etc… Por otra parte el mercado Español es una gran oportunidad de negocio. Cuando exista una reglamentación se podrá volar con normalidad o al menos dentro de un espacio restringido.

En la actualidad ya hay empresas civiles que demandan esta tecnología como Eulen en su división Owls para la obtención de información en la vigilancia de infraestructuras ferroviarias, peltrolíferas, etc… En estos casos la clave es el servicio no la tecnología.

Otros ejemplos de fabricantes y servicios civiles son Elimco, Aerogenix, Aero Tools Uav, Unmanned Solutiones, Aerovisión, Albaero, etc…

Ciñéndonos a la materia aseguradora por la cual fuimos invitados, nos encontramos por una parte con un marco jurídico en fase de preparación de la normativa que regule la explotación del espacio aéreo segregado. Debe recoger esta legislación cómo y quien debe de certificar aeronaves, pilotos y matenedores.

La legislación aérea considera que los vehículos no tripulados son aeronaves de acuerdo a la circular 328 de la Oaci.

Esto tiene diversas repercusiones ya que en la actualidad debe de aplicarse normativa obsoleta como el Convenio de Roma de 1.952, si el daño es causado por una aeronave extranjera en suelo Español y por el contrario el art. 119 de la Ley de Navegación Aérea (LNA) si la aeronave tiene bandera Española. Así mismo la LNA regula la obligatoriedad de seguro escalando en cinco tramos de acuerdo al RD 785/2004.

Por consiguiente y para finalizar, la conclusión es, que es obligatorio un seguro de responsabilidad civil por daños materiales y personales, presentándose un enorme reto para conseguir el aseguramiento vía ramo de cascos para proteger la propia aeronave y sus sistemas embarcados.

Este reto lo conseguiremos entre todos, ya que siempre la industria aseguradora ofrece soluciones en función, de cómo avance la tecnología de los sistemas, y la probabilidad de ocurrencia del siniestro disminuya además de su intensidad.

Compitte esta a disposición de los distintos actores para conseguir avanzar en reuniones de trabajo que permitan trasladar la confianza al mercado y por ende un aseguramiento competitivo.

Natxo Vadillo – Compitte –