Mis abuelos vivían en casa, habían cerrado la casa del pueblo y con mis padres vinieron a Vitoria para que mis hermanas fueran al colegio. Mi abuela murió cuando yo no tenía 4 años. Mi abuelo y yo nos hicimos inseparables, yo al menos así lo veía. Le gustaba contar historias del valle, y en aquella cocina nos juntábamos todos, todos menos el tiempo, no cabía, no corría. Hoy me acuerdo de muchas de aquellas historias y me emociono solo de recordarlas. Poco a poco las voy escribiendo.

Mi abuelo era para mí un sabio. Hablaba con la gente cuando salía de casa y tenía oportunidad, no le tenía miedo a nadie, y para todos tenía una palabra amable o un consejo, por eso digo que me parecía un sabio. Y yo quise siempre ser como él. Con el paso de los años pienso que lo que mi abuelo era… era grande, un hombre grande.

Una persona forzuda es alguien capaz de coger grandes pesos, mover grandes bultos. Un comilón es alguien capaz de comerse tortillas de 6 huevos y dos chuletas de kilo. Un hombre grande, creo, es alguien capaz de entender o conocer a muchas personas, capaz de empatizar con muchas gentes, capaz de compadecerse de muchos hombres y mujeres solo con verlas, entender su sufrimiento y darles una palabra de ánimo o de consuelo, con la que dormir una noche más, pero mejor.

Por eso debemos, es nuestra responsabilidad, ser grandes. Estamos en nuestra plenitud, y parece que ya lo hemos hecho todo, ya tenemos una casa, una familia, un trabajo, algunos incluso nietos, jugamos al golf, o salimos en bici, vamos a un gimnasio, o nos apasiona el cine. Estamos satisfechos, y no nos planteamos más, dormimos bien, o casi bien, tenemos nuestros amigos, una casa en el campo o la playa donde descansar. Hemos llegado al máximo. ¿0 no?

Podemos morir así, nadie nos reprochará nada, sin embargo, yo tengo el recuerdo de mi abuelo y siento algo así como una obligación, una necesidad, un reto. Mi conciencia me dice que yo un día quise ser sabio como mi abuelo. Y eso me tiene inquieto, no me deja tranquilo, o me tiene alerta.

¿Cómo ser grande? El forzudo y el comilón, entrenan o no paran de comer. Ser grande es mi preocupación de cada día, cómo afrontar cada situación de la mejor manera posible para todos. Pero hay un secreto, cada vez que hacemos algo bien, que damos la mejor solución, nuestro tamaño aumenta, somos más grandes, y si somos humildes, siempre pensaremos que se pudo hacer mejor.

Aun así, creo que la persona grande, no se siente grande. Si acaso, se siente tranquila, serena. Es consciente de que ser grande no es nada, es una sensación, o ni eso. No hay forma de medir, o comparar. Se es. Y al pensarlo me veo pequeño al lado de mi abuelo.

Antonio Martínez, Vitoria 11 abril 2021