¿Cómo es posible que en apenas unos meses se hayan incrementado en un 700% las intoxicaciones alimenticias de los “turistas” británicos?

Llamar “turistas” a esta clase de fauna humana de indescriptible denominación, me da la risa, ya que no se puede ser más cutre.

Si de algo me alegro por las consecuencias del Brexit es precisamente por esto. Se acabó abusar de la hospitalidad sanitaria de nuestra nación. ¿Cuántos británicos se han sanado en sus vacaciones “sanitarias”?

Y ahora se pone de moda, reclamar por una posible diarrea a tu turoperador, cuando has sido alojado en un establecimiento en todo incluido en España, incluso hasta 36 meses después.

Todo debido a una reforma legislativa en el Reino Unido llamada Ley Jackson, donde no es necesario acudir a un arbitraje de consumo por reclamaciones realizadas a establecimientos fuera de los territorios de su majestad.

Inmediatamente como siempre decimos en Compitte, nace una oportunidad de negocio que en este caso es del todo absolutamente reprochable, ya que existen diversos gabinetes buitres que buscan sus ciudadanos bajo un fundamento, si no gano no pagas, provocando en la mayoría de los casos acuerdos extrajudiciales con el fin de no incrementar los cuantiosos costes judiciales que nuestros empresarios hosteleros tendrían que asumir.

Se estiman las pérdidas entorno a 50 millones de euros y esto no ha hecho más que empezar.

Tiene guasa que en Cataluña, Valencia, Andalucía, Baleares y Canarias tengan una gastronomía tan agresiva para sus delicados estómagos, cuando no hay comparación y en esto estamos todos de acuerdo, entre nuestra dieta mediterránea y la suya.

Desde el punto de vista del riesgo, tendrán cuantificarse al alza las tarifas de estos visitantes agravándose las mismas respecto a otros ciudadanos extranjeros mejor educados y más rentables.

Natxo Vadillo – Compitte –