Últimamente estamos siendo testigos todos los ciudadanos, de lamentables mentiras en lo académico respecta de algunos de nuestros “estudiados” representantes. Parece ser que esta moda de engrosar artificialmente el expediente no sólo se queda aquí, sino que alcanzar a otras naciones y regiones rivereñas del mediterráneo, en donde incluso se otorgan cargos de representación a dedo.

Además, en la empresa pública, por ejemplo, tenemos otro caso en las Islas Baleares, donde en su servicio de salud están sufriendo una inmigración de sus sanitarios al no cumplir un criterio llave que es tan “esencial” para su valía profesional como es el idioma.

En la industria privada, en la mayoría de las veces, en los criterios de selección de los candidatos que optan a un puesto, se valora más su expediente académico antes de su valía profesional o su experiencia probada.

Sin embargo, para mi lo más importante de un profesional, es su palmarés en lo laboral. He visto en años y años de ejercicio garrafales decisiones tomadas por los directores de RRHH fulminando a candidatos con enormes cualidades y con una trayectoria impecable.

En ocasiones algunos indicadores de una unidad concreta no dan los resultados esperados, en la mayoría de las veces basados en un grave error de parametrización o dicho de otra forma, de un grave error de concreción a la realidad de las metas y quienes deben y tienen la obligación de conocer con proximidad, siendo quinestésicos hasta la saciedad con sus tropa de a píe, valoran con una subjetividad pasmosa y hierran en el diagnóstico cargándose al válido.

Se dice en ocasiones que, si la empresa va mal, cárgate al financiero, siendo esta argumentación de todo inapropiada cuando la realidad de una empresa no va bien es siempre culpa de su staff directivo y su error en la estrategia a seguir, tanto en mercados como en personas.

Como dice la canción de Gabinete Caligari, que Dios reparta suerte, que Dios reparta fe, que ahuyente a la mala muerte y que ustedes lo pasen bien.

Natxo Vadillo – Compitte –