El día a día nos lleva por la calle de la amargura. Siempre estamos ante la prioridad de lo urgente antes de lo importante, y de pronto “zasca” aparece de repente el infortunio que nos pone al instante en la vida real.

Y es que somos conscientes que tenemos una tecnología que debería de actualizarse, sabemos de sobra que deberíamos de evolucionar para ser más competitivos, sin embargo, nos justificamos permanentemente en el conformismo de lo que tenemos.

Ahora no hay más remedio, hemos sufrido un incendio y tenemos que espabilar, buscarnos la vida ante la contingencia para no dejar de abastecer a mis clientes. 

Empresas estas canallas donde las haya. Industrias de la automoción donde solo pensar por un instante que dejamos de abastecerles nos entra un pánico escénico, que la prudencia dice que lo más sensato, es acudir al juzgado y presentar el concurso voluntario ya que no vamos a levantar cabeza ni ocho generaciones sucesoras del legado familiar. 

Sin embargo, una vez pasada la conmoción valoramos con frialdad y delegamos en terceros que, por cierto, conseguimos homologarlos en tiempo record, impensable en una situación de normalidad, y valoramos que a lo mejor es el momento de actualizarse en la tecnología que sabemos de sobra, nos hacía falta hace tiempo para ser los mejores.

Eso es lo que yo llamo ver la botella medio llena. Como siempre en la vida la actitud es la clave para todo, con la única excepción cuando nos enfrentamos ante una pérdida humana, que por tanto la fatalidad es total, en el resto de los demás sucesos con actitud positiva salimos siempre reforzados de la adversidad.

Natxo Vadillo – Compitte –