¡Porqué tu no eres yo! Dícese de una cariñosa expresión con la que mi pequeña este verano increpaba a mi grande; cuando ante su todavía incipiente destreza natatoria, se apuraba por el revolcón de una ola. 

Así mismo, dícese del argumento más común escuchado por esta parte, cuando nos apresuramos a contextualizar siniestros y/o algunos episodios públicos, que generan suficiente alarma social, ante el negacionismo más habitual, que eso únicamente les pasa a las grandes firmas.

Magrudis con una cobertura de 300.000 € a indignado a las asociaciones de consumidores y usuarios. Estamentos de consumo, que ahora se acuerdan de que su Ley troncal (RD 1/2007, de 16/11) en su artículo 131 se prevé por el legislador, “que el Gobierno, previa audiencia de los interesados y de las asociaciones de consumidores y usuarios, podrá establecer un sistema de seguro obligatorio de responsabilidad civil derivada de los daños causados por bienes o servicios defectuosos y un fondo de garantía que cubra, total o parcialmente, los daños consistentes en muerte, intoxicación y lesiones personales”.

Claro, obviamente es necesario un Gobierno, circunstancia que lamentablemente llevamos unos años muy acostumbrados a anhelarlo, pero lo peor de todo, es que siempre funcionamos reactivamente y no proactivamente como debería de establecer el principio más básico de la sensatez.

Aviso a navegantes, nadie absolutamente nadie que tenga una pequeña, mediana o gran empresa, está libre de cometer errores, que pueden estos,  llevarnos a la ruina más absoluta si no tienes una adecuada transferencia de tu riesgo, con un músculo que responda del impacto máximo que puedas llegar a provocar.

Eso señores se llama gerencia de riesgos y esto es lo que llevamos años y años intentando divulgar con el convencimiento que hacer las cosas bien no significa necesariamente mayor inflación en tus costes de explotación.

Natxo Vadillo – Compitte –