En realidad nunca los coches que se vendieron en Europa bajo el logo de Chevrolet formaban parte de la gama mítica de la marca Norte Americana. Salvo honrosas excepciones se atrevían a cruzar el charco con modelos como el Corvette, Camaro o incluso Tahoe.

La gama de vehículos que los consumidores podía elegir en España, venían del lejano oriente, concretamente de Corea del Sur de la extinta Daewoo por ejemplo. En consecuencia el sueño de hacer una marca global por parte de General Motors se ha quedado en el camino.

Los mercados son muy distintos unos de otros, aquí en Europa, exigimos tecnología, prestaciones, eficiencia energética, calidad en acabados y muchos otros más requisitos que condicionan mucho la decisión de compra de los usuarios.

Intentar darnos gato por libre, aprovechándose de la imagen de una galardonada marca que allende de los mares, lleva triunfando década tras década, no ha sido suficiente para ganar la confianza de los consumidores. En 2013 apenas consiguieron vender 12.000 turismos.

Por el contrario, nunca triunfarán a este lado del Atlántico los coches americanos legítimos Chevrolet, no por su falta de carisma, sino por que aquí se demanda lo último en tecnología y no nos podemos permitir los consumos desorbitados de estos autos.

Parece por tanto que Mary Barra, que recientemente ha sido nombrada consejera delegada, llegando a la cúspide de la multinacional GM viene con mano de hierro, pero la pregunta bien ahora por el lado que a nosotros nos preocupa en Compitte. ¿Y el servicio postventa?, ¿qué pasa ahora con los clientes?.

Estos deben de saber que; en principio tienen cubiertas las necesidades de servicios de sus vehículos dado que legalmente hay un periodo de 10 años, desde la fecha de venta del coche, por el cual la marca debe proveer de repuesto original.

Claro esto está muy bien, pero otra cosa es, dónde se puede repara los coches, ya que todo apunta, que los 85 concesionarios de la marca desaparecerán del mercado antes de diciembre de 2015.

Según la D.G.T. hay 324.000 unidades en activo, todas ellas además con otro perjuicio adicional que es la pérdida de valor  habida cuenta la obvia depreciación del valor residual de sus coches.

Por consiguiente, el problema no es banal  y como siempre al final terminamos pagando justos por pecadores.

Como diría un antiguo ministro socialista “los experimentos en casa y con gaseosa”

Natxo Vadillo – Compitte –