Nuestros protagonistas de hoy son personas anónimas, seres entrañables que merecen un humilde homenaje, a título póstumo eso si, desde lo más humilde de mis entrañas.

Llegadas estas fechas estivales, cuando uno vuelve donde reside el sol, al sur de nuestra piel de toro, y pasa revista a las tropas de amistades, a medida que van pasando los años nos desayunamos con noticias luctuosas, noticias que jamás uno desea recibir, pero así es la vida, la vida que va pasando y vamos renovándonos saliendo unos y entrando otros.

Hace unos años la sencillez personificada en una gran mujer como fue María Toro, nos dejó huérfanos, de esa vida llena de ilusión con lo más mínimo e imprescindible, paupérrima en lo económico y sin embargo millonaria en el corazón.

Este año, un buen amigo como Pepe Fish, subió a los altares, dejándonos igualmente huérfanos de un ser entrañable que fue una gran persona para los demás y muy mala para si mismo, pero igualmente de feliz mientras disfrutó en lo terrenal.

Ambos son un gran ejemplo de personas que gracias a Dios he podido conocer, que mi gente igualmente ha disfrutado de este lujo que jamás se nos borrará de la retina, siendo de verdad ejemplos de maravillosos seres humanos.

Cuando vivimos en un mundo frenético, asquerosamente egoísta, canalla a más no poder, donde prevalece el interés individual frente a la generosidad, es cuando más es oportuno recordar a Santas y Santos que al menos para mi y para quienes los conocimos serán un ejemplo que seguir.

Gracias Rocío por posar y aportar la imagen. Define perfectamente la vida vivida.

Natxo Vadillo – Compitte –