En lo que llevamos de año, mucho se ha discutido sobre el nuevo baremo de autos y su aplicación.

En numerosos foros se han analizado las repercusiones trasladándolas a las industrias ya que el anterior sistema de compensación de daños corporales se regía por normas estrictas, que generaban abusos en los casos más leves y una dudosa reparación del daño realmente causado en las victimas más afectadas.

El nuevo baremos tiene en cuenta la reparación de los daños patrimoniales futuros, acercándose más a la reparación integral del daño causado y al garantía de una indemnización suficiente.

Se introducen conceptos indemnizables como el lucro cesante de una ama de casa o presunciones acordes a la realidad social cuando un joven que no se emancipa hasta los 30 años o que el cónyuge viudo que había superado los 15 años de matrimonio, habría mantenido en el futuro dicha relación el mismo número de años.

No se trata por tanto, de comparar conceptos de indemnización similares con una distinta cuantificación, sino que con la nueva regulación, se introducen conceptos absolutamente diferentes, por lo que el impacto económico de la reforma está sujeto a muchas hipótesis.

Recientes estudios como el del grupo QBE, llegan a la conclusión de que el lucro cesante supone la mitad del coste de fallecimiento, en cuyo caso se incrementarían en un 50%.

La conclusión como se señala en dicho informe es unánime entre juristas y compañías, con independencia de los datos publicados el nuevo baremo tiene y aun impacto significativo en las indemnizaciones por daños personales, que se traduce en un incremento de las reservas y necesariamente de las primas de los seguros.

Natxo Vadillo – Compitte –