Las empresas, todas ellas, se crean, crecen, invierten, innovan, siguen creciendo, ilusionan y aportan a los distintos grupos de interés y todo ello únicamente por un ingrediente básico. Ganar dinero.

Ganar dinero es lícito cuando uno hace su trabajo con valor añadido, diferenciándose de sus competidores por producto, servicio, talento de sus personas, por sus políticas y por la cultura de la empresa, con honestidad y rigor, sin inflacionar en exceso los costes mediante unos márgenes razonables.

En un entorno global, con industrias que cruzan los Pirineos, donde destacan todas ellas por su saber hacer, afrontando con ilusión y pasión nuevos mercados, obviamente tenemos que estar preparados con adecuados productos y servicios de calidad donde muchos de nosotros estamos francamente inmersos para tejer una tupida malla con el fin de tener soporte ante una caída inesperada ante una reclamación cruel desde cualquier rincón del planeta.

Sin embargo todo esto que intentamos hacer y desarrollar en las organizaciones profesionales como en la que les escribe, con demasiada frecuencia lamentablemente no se valora adecuadamente el esfuerzo, las horas de I+D+i que sacrificadamente destinamos y que sólo lo saben nuestras parejas sufridoras del tiempo que les quitamos a la famosa conciliación familiar, mal llamada en mi opinión ya que desde luego para emprendedores deja mucho que desear y pasa a ser más bien aquel mísero espacio que dentro de tus prioridades empresariales puedes dedicar a tu sufrida familia.

No oculto en estas líneas un malestar general por determinados episodios vividos recientemente, donde francamente duele hasta lo más profundo el no haber sido capaz de seducir que un modelo moderno y comprometido no haya sido seleccionado simplemente por una decisión economicista y cortoplacista.

Mucho más duele cuando encima se aprovechan sin ningún tipo de escrúpulos del know how de tu organización, soplando tu conocimiento a los competidores que han continuado en las empresas pétreamente, en su zona de confort aportando nulo valor añadido e incluso incurriendo en graves negligencias.

Me voy de vacaciones y me dará tiempo a reflexionar, enfriándome de los disgustos y afrontando el cierre del ejercicio con la ilusión habitual, pero simplemente para aquellos que se consideren aludidos les invitaría a considerar las oportunidades que algunos de sus proveedores aportamos desde una postura más ambiciosa y profesional ante el futuro de sus empresas.

Muchas gracias a todos.

Natxo Vadillo – Compitte –