La joven activista ambientalista sueca, Greta Thunberg, que tiene un mérito encomiable, dicho sea de paso, ha bautizado recientemente como Flygskam a la vergüenza por volar. 

En efecto la huella contaminante de la aviación ha coincidido con varias iniciativas que, tanto en Holanda como en Francia, empiezan a considerarse para aquellos desplazamientos locales que pueden ser perfectamente sustituibles por la alta velocidad.

Un avión de media emite una barbaridad de CO2, causante del efecto invernadero que tanto nos inquieta, proporcionalmente a otros medios de transporte que a buen seguro nos llevará a la implantación de severas tasas medioambientales.

Centenares de miles de litros de combustible son devorados por los motores en vuelos transoceánicos, sin embargo, me consta que la industria está innovando hacia la eficiencia energética ya que es evidente que contra el progreso no se puede ir.

Los materiales compuestos, la mejora en los rendimientos y prestaciones de los motores, con asombrosas mejoras son el camino, pero lo que de veras creo que va a revolucionar el mundo es el avión eléctrico como el Alice donde por cierto participan empresas españolas en su diseño y fabricación.

Conseguir que evolucionemos como humanidad sin seguir sometiendo al planeta a el estrés ambiental es la clave. La sensatez en las políticas en su promoción de los medios de transporte contextualizando el trayecto es lógico y razonable a favor de unos o de otros.

Natxo Vadillo – Compitte –