Parece que la competición que tienen entre los dos grandes, esto es, Airbus y Boeing de conseguir la mayor cuota del goloso mercado de la aviación civil, complica la técnica hasta ahora desarrollada.

La utilización de composites para el fuselaje del avión por un lado, el problema de las baterías de ión-litio que se incendiaban por otro y ahora los específicos nuevos motores de General Electric, hacen pensar que el proyecto Dreamliner de los aviones 787 y 747-8 de Boeing afrontan problemas de juventud.

El sueño por consumir menos combustible para hacer más eficiente y menos contaminante la utilización del avión como medio de transporte, para las medias y largas distancias en el planeta, es todo un logro que acomete la industria aérea.

La futura incorporación de aviones híbridos, será el siguiente paso para avanzar en la disminución de los combustibles y ser aún más eficientes, lo que repercutirá exponencialmente en las cuentas de resultados de los operadores y en beneficio de los usuarios.

Esta es la buena noticia,  ahora bien, cuando ves en los medios de comunicación que Boeing está recomendando que estos aviones eviten volar cerca de las tormentas que podrían contener cristales de hielo y no se acerquen a menos de 50 millas náuticas de estas al menos inquieta al usuario.

No se trata de crear alarma social, ya que toda la industria aérea me consta, que desarrolla su innovación sin posibilidad de error o al menos de error fatal, que todas estas incidencias se detectan gracias a toda una colección de sensores, que todo está replicado para evitar cualesquiera males mayores, y que el propio fabricante está ciertamente implicado en resolver los problemas, sin ocultar nada al respecto, en plena colaboración con toda la cadena de valor.

Además organizaciones como Compitte, trabajamos todos los días en la búsqueda de un soporte adecuado, en la gerencia de riesgos y seguros, a la industria aérea que responda a la exposición de los riesgos actuales y futuros con capacidades suficientes.

Natxo Vadillo – Compitte