La FAA definitivamente lo reconoció, aguantó lo posible, pero tuvo que rendirse ante la situación y la evidencia mostrada por los satélites. Ahora, con toda la flota mundial de Boeing 737 MAX en el suelo, toca plantearse las consecuencias mientras la investigación confirma las causas.

Durante mi vida profesional he tenido la oportunidad de acudir a numerosos certámenes y ponencias sobre aviación. En todas ellas se demanda la máxima excelencia a la cadena de suministro, es decir, a nuestro tejido empresarial local.

Se habla desde la autoridad más absoluta y se anuncia a bombo y platillo que en adelante cada nuevo avión tiene que ser rentable desde la primera unidad, es decir, que hay que espabilar, señores.

Ahora podemos tener ante nosotros la mayor crisis de la industria de la aviación en toda su historia, por ser una crisis que atenta en algo tan fundamental como es la confianza en la marca, valor imprescindible que todos los usuarios depositamos en sus alas cuando embarcamos en cualquiera de sus aparatos.

Las acciones de Boeing en bolsa se desplomaron, arrastrando las de varias aerolíneas según su grado de exposición al 737 MAX. Ya está listo un parche de software que solventa la causa a priori más probable, y es sencillo de instalar. Pero la luz verde para hacerlo tardará aún en llegar, y en este punto es difícil decir cuánto tiempo los aviones se verán obligados a seguir inoperativos, y cuánto costará realmente a todas las compañías afectadas.

Para Boeing, además de la caída en bolsa, corren riesgo los más de 5.000 pedidos de 737 MAX que tenía confirmados a comienzo de este año. Incluso la puesta de largo de su última variante de 777X, el esperado 777-9, ha quedado de momento relegada a una presentación interna a los empleados de la compañía. Pero todos esos costes no serán nada si se demuestra que ha habido falta de transparencia, y la confianza en la marca se derrumba: podría significar un daño irrecuperable para Boeing, y para una multitud de industria subsidiaria.

Por su parte, las aseguradoras deberían plantearse en firme si toman en consideración tantas potenciales amenazas, y hasta qué punto es efectiva la gestión de riesgos que manejan.

De momento, la Justicia norteamericana acaba de abrir una investigación penal sobre la certificación del avión, tras ser los primeros datos de la caja negra extrañamente parecidos a los del accidente de Lion Air. Boeing es una gran empresa, posiblemente la mejor aeronáutica, pero ahora no puede fallar, tiene ante si un gran reto y no es otro que ser transparente al máximo. Dejemos por un momento de lado la confidencialidad, el espionaje industrial, extensísimos protocolos y volvamos a la senda para poder evidenciar que hay duplicidades suficientes que permiten la máxima seguridad.

El rigor en la información que se nos exige a los demás debe de ser directamente proporcional aguas arriba. La presión que se ejerce en la cadena de suministro y por ende a servicios como el que represento, debe de ser igualmente excelente por las jerarquías de Chicago.

Natxo Vadillo – Compitte by AGS