En los matrimonios eclesiásticos, es común cuando se materializa el sacramento que el sacerdote pronuncie la frase… “lo que ha unido Dios que el hombre no lo separe”.

En el mundo de la empresa, igualmente se materializan matrimonios “de hecho” con los empleados y más si cabe con aquellos considerados clave y “de derecho” con tus socios.

En ambas hipótesis como en la vida lamentablemente existe promiscuidad y lo que es más grave, pérdida de confianza.

Cuando esto sucede es terriblemente doloroso para aquellos que consideramos que se ha provocado una traición y estoy seguro que todos en la vida hemos conocido esta sensación en alguna ocasión.

La infidelidad de empleados en un mundo cada día con menos valores, con mayor individualismo personal, donde abundan los trepas en todas las organizaciones no se trata de un riesgo baladí.

Desde la óptica de la gerencia de riesgos, invito a las organizaciones a reflexionar sobre los impactos en términos de pérdida financiera que esto ocasiona, en términos de reputación a la marca y en términos de pérdida de la confidencialidad y de la información secreta de la empresa y de clientes.

El mercado cada día está siendo más receptivo a trasferir estos riesgos al margen de que debe de negociarse protocolos y políticas en harás al compromiso y a la ciber seguridad interna.

Natxo Vadillo – Compitte –