Desde finales de la gran crisis del 29, cuando la producción en masa se forjaba en un nuevo modelo de mercado productivo deviene, por aquel entonces, la elección de fabricar productos que se vuelvan obsoletos de manera premeditada, haciendo por tanto ponderar en la fase de diseño si una compañía utiliza componentes tecnológicos más baratos o dotados con una ingeniería de valor conocida menor.

En un planeta donde vivimos algunos y están muchos más, sufriendo calamidades de todo tipo, que la economía de mercado se base continuamente en consumir, consumir y consumir, esquilmando sus materias primas, que en muchas ocasiones se consiguen por medios cuando menos poco éticos, que además se motive a la ingeniería de diseño de una fractura concreta del producto es cuando menos reprochable moralmente a cualquier fabricante.

Lo notamos continuamente en el mundo tecnológico, pero sin ir más lejos en un producto maduro, elemental y absolutamente básico como pueda ser una mochila escolar, esta diseñada para aguantar un curso, eso si además se utiliza con cariño.

Da igual en muchas ocasiones que te decantes como consumidor por la gama más alta donde en teoría sus acabados y materiales son más duraderos que al final el disfrute del bien será similar.

Teóricamente en un mercado de libre competencia, se deberían producir los bienes de la más alta calidad para el consumidor, al menor costo posible y con un largo plazo de disfrute.

Sin embargo toda esta cultura por un lado obliga para mantenerse competitivo mediante la disminución de los costes laborales y la tercerización en el uso de materiales de menor calidad y con pobre diseño.

En muchas ocasiones leo la misión, visión y valores de las organizaciones. En algunos casos te encuentras con una evolución en responsabilidad social empresarial y en todos ellos absolutamente en todos los modelos se habla que es una empresa socialmente orientada a los grupos de interés y respetuosa con el medioambiente.

No nos engañemos por Dios, no pensemos que es un tótem de nuestra seña de identidad, cuando la realidad se miente más de lo que se cumple, más allá de otras consecuencias que pueda tener este controvertido y presuntamente alegal mundo de la obsolescencia programada.

Natxo Vadillo – Compitte –