Los servicios de emergencia le llaman la cadena de supervivencia, la que este lunes por la noche funcionó perfectamente en la A-4 en Madrid después de que el conductor de una furgoneta paró para ayudar a un motorista que había pinchado y enseguida fue este quien tuvo que auxiliar a su auxiliador porque sufrió un infarto.

Un buen ejemplo de solidaridad y colaboración ciudadana del que este martes Emergencias Madrid, ha informado como muestra del funcionamiento de todos los eslabones de la cadena, desde la primera intervención del ciudadano de a pie hasta la llegada al hospital, con un final, al menos por el momento, esperanzador.

Así exactamente se narraba esta feliz noticia en RTVE que me ha llevado a explicarles mis sensaciones en muchas conversaciones con responsables de empresas. Veamos si soy capaz de transmitir el símil.

El Confidencial hace unos días publicaba… “Se disparan las estafas a empresas españolas con los e-mails del fraude al Ceo”.

Consultoras en ciberseguridad avisan de un importante repunte de este delito, que consiste en mandar e-mails falsos, creados a medida de los altos directivos de una compañía, donde se les engañan para que realicen transferencias de cientos de miles de euros.

La confianza que tiene el ser humano en su entorno provoca que por inercia cuando vemos correos “cercanos” no nos percatemos de mínimos detalles que tras la estafa están los criminales consiguiendo nuestra confianza y provocando por consiguiente su deseo perverso.

Conozco un caso real de una gran empresa que relata perfectamente el diario mencionado que invito a leer con atención.

Sin embargo, en el día a día en Compitte, avanzando en transmitir la multitud de riesgos que están a nuestro alrededor y que nos pueden atentar severamente a nuestro balance, en muchas ocasiones te encuentras ante la imposibilidad de poder imaginarlos riesgos a los que estamos expuestos, pero sabemos a ciencia cierta que tenemos que acometerlos.

Quién le iba a decir al conductor de la furgoneta que su auxilio le ha auxiliado, de igual manera que sabemos que somos incapaces de valorar el nubarrón que se nos avecina.

Natxo Vadillo – Compitte –