Recientemente y con mucha razón, se vuelve a reivindicar los derechos, de todos aquellos que se sienten olvidados. Residentes en comarcas con una densidad de población francamente desértica.

Controvertido asunto que tiene difícil solución para satisfacer a todo el mundo con servicios públicos de calidad, ciertamente.

Pero me llama la atención que pocas o ninguna vez escucho voces activas que aporten soluciones para parar el abandono del mundo rural. A nadie se le ocurre poner el cascabel al gato para dar un punto de fortaleza que pueda ser considerada como una oportunidad de modo de vida y de riqueza.

Y es que las aptitudes que tienen la mayoría de los productos que se elaboran en estos entornos son francamente los grandes desconocidos y que a mi juico debemos de procurar visibilizar para eso, para potenciarlos y generar retorno a estas comarcas consiguiendo un efecto reclamo.

Ciudad Real, es un ejemplo. He podido corroborar personalmente, gracias por cierto a la inestimable ayuda de un buen amigo y mejor serpa, que tiene grandes y curiosas oportunidades y que por otro lado son inexistentes para el 99% de la población.

Sus habitantes que se afanan por sobrevivir a pesar de la poca demanda de sus servicios, se dejan literalmente la piel como por ejemplo Diego, Belén y su hermana,en sus templos Latitud y Octavio respectivamente.

Francamente unos de los mejores restaurantes de la nueva cocina, basada en menús degustación de maridajes increíbles que me apasionan. Eso sin abandonar la excelente gastronomía manchega.

Su pasión en lo que hacen, en este caso acompañado además de una actitud desbordante me ha hecho reflexionar y animar a seguir en esa línea invirtiendo divulgación, más que necesaria para poder evidenciar que en esta España vaciada hay reclamos que merecen y mucho la pena conocer y disfrutar.

Anímense, todos y cada uno en aflorar sus aptitudes y seguro que poco a poco la cosa cambiará.

“Que vivan las Culipardas”.

Natxo Vadillo – Compitte –