Ipso facto es una expresión latina que significa inmediatamente, en el acto.

Esta es la más que habitual forma de gestionar en muchas organizaciones. Cuando el máximo responsable intuye que algún movimiento estratégico puede ser clave activa ipso facto toda su maquinaria para tener el resultado esperado.

Así por ejemplo muchas empresas respecto al sistema de calidad ISO, lo miran siempre con perspectiva, pero sin convencimiento. Ahora bien, si definitivamente es un criterio llave para conseguir un determinado contrato se desea ipso facto.

¿Anticiparse? Poder valorar este requisito y otros “exigibles”, requisitos todos ellos que requieren de un coste de oportunidad elevado por el tiempo que absorben, solo cabe si con antelación se tiene desarrollado una política Compliance que además realice una vigilancia ante los constantes cambios legislativos.

Cada cual en su empresa tiene la soberanía de incorporar unos u otros métodos en gestión, en calidad, etc… pero debemos de tener siempre cintura para poder aplicar de forma inmediata el requerimiento.

Conozco un caso de un taller que mantuvo en vigor su certificación de calidad en aviación mientras tuvo pedidos. Por unas causas u otras estos desaparecieron durante un tiempo. Habida cuenta que la renovación de la norma le costaba dinero, decidió no seguir invirtiendo. Meses más tarde le llaman a la puerta para darte un nuevo paquete de piezas y lamentablemente no las puedo absorber al haber dejado de ser homologado.

Aquí está la clave. ¿Aplicamos los sistemas por convencimiento o por obligación? ¿Es estratégico y se considera como una inversión o como un gasto incomodo más?

Más tarde las prisas son malas consejeras. Anticípese a la más que previsible evolución de las normas por favor.

Natxo Vadillo – Compitte –