La empresa familiar es el fundamento de las principales economías y en la nuestra no es una excepción. Prácticamente dos tercios del total de empresas existentes en el mundo están controladas por familias empresarias.

Las fortalezas de estas empresas son la intensidad del compromiso, dedicación de sus integrantes, mayor estabilidad en el empleo, mayor grado de autofinanciación y reinversión de beneficios, agilidad en la toma de decisiones, entre otras.

Por el contrario la expectativa media de vida de una empresa familiar ronda los 24 años. Sólo un tercio llega a la segunda generación. El paso de la segunda a la tercera generación apenas sobreviven el 15%. Siendo un mínimo residual aquellas que continúan en siguientes hitos.

Según los expertos -criterio que comparto personalmente- la principal causa de desaparición, se encuentra en el marco de las relaciones personales y motivada fundamentalmente, por la falta de intereses comunes, falta de armonía, conflictos, pérdida de espíritu emprendedor y de liderazgo.

Por consiguiente, a mi juicio y habiendo pertenecido yo a un entramado empresarial en su tercera generación, las claves para el éxito son la motivación permanente del equipo familiar, la igualdad de oportunidades, la sucesión y la profesionalización de las siguientes generaciones, siempre en un entorno de confianza con los píes en el suelo, procurando no contaminarse de las tendencias en gestión de moda en el momento, si mirando de reojo a tu entorno y la competencia, pero observando continuamente nuestro espejo retrovisor sin faltar a los valores y motivos fundacionales de nuestros abuelos.

Tengo la el honor de conocer desde hace un tiempo a Irizar Forge. Empresa que es líder mundial en equipos de elevación, arrastre y amarre. Gestionada por mujeres en su cuarta generación. Deseo resaltar el término relativo al sexo, ya que es obvio que sigue siendo un freno, y más aún en sectores tan tradicionales y conservadores como el que nos ocupa, lo que desde luego no deja de ser para mi un punto más de admiración.

La apasionante historia de esta organización que nace como suele ser habitual, mediante el empeño sobrenatural de sus primeras generaciones, y más teniendo en cuenta que hablamos de primeros del siglo XX, llegando al liderazgo representado por las hermanas, es cuando menos un ejemplo que conviene analizar.

El futuro lo resume perfectamente el video conmemorativo que filmaron al efecto que termina con la siguiente expresión… “los mercados internacionales no están hechos para los mediocres, sino para los mejores”.

Enhorabuena María, enhorabuena Ane, seguir adelante con esa pasión, siendo un ejemplo en cómo ir superando las barreras, agradeciendo desde Compitte a ambas la confianza que depositáis en nosotros en nuestra común cooperación para sobrevivir.

Natxo Vadillo – Compitte –