Gracias a Dios no tenemos que lamentar víctimas en el espectacular incendio sufrido en el polígono de Paterna en una empresa química, a pesar de las espectaculares imágenes vistas al ver impactar el bidón contra el camión de bomberos.

Las consecuencias devastadoras de este infortunio son un ejemplo que intentamos en Compitte poder evaluar y convencer que hay que implantar rigor en la gerencia de riesgos dimensionando adecuadamente los programas.

Veamos este caso a modo de ejemplo. En primer lugar, los polígonos industriales. Hemos podido observar que en este caso parece ser que el acceso de los servicios de urgencia es manifiestamente mejorable. A este respecto es impresionante lo lamentable que es el mapa español industrial. Existen polígonos que son una verdadera vergüenza y además se sigue consintiendo.

En segundo lugar. Las instalaciones y las obligaciones mínimas exigibles en términos de edificación, protecciones, instalaciones en general que en más de una ocasión dejan mucho que desear. Estoy convencido que un alto porcentaje de las industrias instaladas al día de hoy no cumplirían con los mínimos que exige la normativa en vigor y por consiguiente carecerían de licencia de actividad.

En tercer lugar. Tus vecinos. ¿En cuántas ocasiones se analizan las actividades de los riesgos contiguos? Técnicamente hablando son considerados riesgos agravados tener próximas industrias químicas, plásticas, petrolíferas y en general aquellas que en sus materias primas utilicen productos con grados de peligrosidad elevados.

En cuarto lugar. ¿Y tus responsabilidades? Desalojar un polígono industrial. Miles de personas, parada de producción durante unos cuantos días, incendiar empresas colindantes, etc… son responsabilidades donde rara vez te encuentras con programas aseguradores para industrias debidamente dimensionados. ¿Recuerdan el incendio de la torre Windsor y sus enormes consecuencias en las proximidades?

En definitiva, estos y muchísimos otros riesgos deben de ser analizados con rigor, visualizar las consecuencias que pueden ocasionar al balance y transferirlos a seguros con suficiente capacidad y no seguir contratando como generalmente nos encontramos mediante coberturas insuficientemente capaces.

Por no hablar, además, de la imperiosa necesidad de incorporar metodología Compliance para examinar permanentemente a la empresa en sus cumplimientos normativos. Seguramente se sorprenderían las enormes lagunas existentes y por consiguiente la oportunidad de mejorar.

Natxo Vadillo – Compitte –