Aquellos que me conocen muy bien saben de mi apasionada afición al mundo del motor. Durante el año no puedo estar al día de las novedades del sector del automóvil por lo que aprovecho en verano a ponerme al día y soñar con los artículos de mis queridos periodistas entre ellos de Juan Collín, histórico y más previsible de todos ellos. He leído un artículo que me permito reproducir ya que comparto su reflexión al 100% ya que lamentablemente vamos hacia los electrodomésticos con ruedas. Ahí va…

“Gadgetomóvil”

La tecnología juega cada vez un papel más importante. Uno de los aspectos que más ha mejorado en los últimos años ha sido, sin lugar a dudas, el equipamiento. Elementos que hace algunos años se ofrecían en exclusiva en modelos de gama alta, están disponibles en los utilitarios más populares. La mayoría de los avances que se ofrecen mejoran el manejo y también hacen la vida a bordo más agradable.

Ahora bien, cada día tengo más claro que hay determinados elementos de última generación a los que no termino de encontrar la utilidad. Creo que a veces, más que facilitar las cosas, nos complican la vida o nos limitan la autonomía que tenemos al volante.

Empiezo por el sistema de arranque y acceso al vehículo sin llave, elementos muy extendido. Particularmente no me supone ningún esfuerzo emplear el mando a distancia convencional y la llave de contacto. Puede que sea más incómodo, pero se evitan situaciones como las que he vivido en un par de ocasiones en las que el que la persona que iba conduciendo se baja del coche con la llave encima, se marcha y cuando al cabo del tiempo paras el coche te das cuenta que no puedes volver a arrancarlo por que la llave no está.

Otro gadget que no dudo tenga su utilidad para muchos conductores, pero que particularmente detesto, es el sistema de mantenimiento de carril. En algunos modelos te vibra el asiento dándote unos sustos de cuidado, en otros incluso es el volante el que te corrige la trayectoria en cuanto el coche no va por donde el sistema piensa que tiene que ir. La sensación me resulta particularmente desagradable en ambos casos.

El radar de distancia puede ser de gran utilidad y no cabe duda que mejora la seguridad, pero cuando he tenido ocasión de probarlo me molesta muchísimo que me esté avisando constantemente de que me pego demasiado al coche de delante.

Tampoco me convencen como funcionan la mayoría de los mecanismos de reconocimiento por voz y más de una pelea he tenido con los frenos de accionamiento eléctrico, que se conectan automáticamente y luego no sueltan si no pulsas el botón correspondiente.

Poca utilidad veo a los techos acristalados y tampoco me convencen que se eliminen la mayoría de los botones de la consola y que la mayoría de las funciones del coche se controlen a través de una pantalla táctil.

Evidentemente, algunos pensarán que me estoy haciendo mayor. Lo peor es que seguramente no les falten la razón.