Fue Charles Hull, un ingeniero en el campo de la óptica iónica que trabajaba en un laboratorio haya por los años 80 para crear prototipos, quien usando resina para endurecer la superficie de estos, se dio cuenta de que podía poner la resina en capas y una vez hecho esto moldearla con luz ultravioleta.

Así nació la impresión 3D hace ya 30 años.

Quien le iba a decir a este ingeniero que sería el pionero de uno de los elementos que definirían los procesos industriales del siglo XXI.

Con el paso de los años la técnica ha ido evolucionando a pasos agigantados permitiendo la impresión de prácticamente cualquier cosa.

En general, el precio de las impresoras ha bajado considerablemente y se prevé que sigan bajando por ello se han desarrollado modelos más pequeños de impresoras para el hogar y los modelos actuales son capaces de imprimir en múltiples materiales, desde el plástico a aceros inoxidables o titanio.

La llegada de las máquinas y la revolución industrial ocasionó cambios importantes en los sistemas de fabricación acelerando al proceso y abaratando los costes pero poniendo fin a esa personalización y fabricación a medida para producir en masa.

Aún así las ventajas de la impresión 3D son infinitas y tan asombrosas que muchas de ellas ni siquiera podemos imaginarlas, si no que irán surgiendo con el paso del tiempo y no todas serán buenas.

Sara Carmona – Compitte –