Lo que para unos es un irrenunciable derecho a decidir, que ya hace tiempo se ha convertido en una decisión tomada, para otros es el inmovilismo pétreo asistido por una razón a lo mejor obsoleta.

Proponer, debatir, negociar, ceder, consensuar, pactar, programa y votar es el camino lógico en cualquier estado de derecho que se precie.

Qué pena me da que no han aprendido nada de nosotros. Después de más de cuarenta años de terribles experiencias donde prevalecía el horror, ahora somos un ejemplo de convivencia donde nos respetamos los unos a los otros, se debaten los distintos puntos de vista con respeto y se llegan a acuerdos que hace muy pocos años eran una quimera.

Estoy seguro que todo el mundo tiene su razón, pero la razón por la razón no es el camino. El fallo que están cometiendo la clase política es inconmensurable, más aún cuando la ciudadanía catalana es muy participativa en toda clase de movimientos.

Los conservadores ante el cambio actúan con miedo, sin embargo, algunos progresistas ante el rechazo al cambio actúan con violencia.

Confío, espero y rezo para que el dos de octubre sea un punto y aparte, un momento en el que todos los partidos propongan sus doctrinas de lo que desean que sea nuestra nación y que después pueda ser votado en absoluta paz, con garantías y con debates electorales reales, donde no se engañe al ciudadano y pueda tener la información veraz de lo que nos jugamos, en definitiva, de lo que ganamos y perdemos.

Porque una cosa está clara. Donde no hay avance hay deterioro.

Natxo Vadillo – Compitte –