Vengo de la feria aeroespacial de Sevilla que le llamamos en nuestro argot el ADM.

Francamente hay que decir de nuevo que la puesta en escena, los distintos encuentros organizados y el coctel ofrecido es soberbio, quizás de los mejores de los últimos tiempos. Impera siempre en esta tierra, donde la selección genética se ha instalado, hace muchos siglos, el buen gusto. De eso no cabe duda alguna.

Sin embargo, he visto cierto escepticismo por muchos de mis queridos clientes y amigos. Unos me han dado argumentos que yo denomino de inercia, otros me han alertado de su hartazgo, siempre hay algún pesimista recalcitrante, pero también he podido comprobar determinadas iniciativas al cambio.

Es un clamor la presión que el par de apriete ejercen los tractores frente a su cadena de suministro. La incertidumbre sobre determinados actores tradicionales y su continuidad o absorción siempre se ronronea entre bastidores.

Si dice y no sin razón, que la antigua formación profesional, debe de seguir siendo una política en lo educativo, clave para aminorar la brecha existente entre el compromiso de la eficiencia y la demanda de empleo.

Pero a cambio de estos argumentos retóricos, más o menos conocidos, si que tengo que decir que he conocido vientos nuevos, donde seguir apretando y apretando, agotando la capacidad mecánica de la junta tórica, provocando por consiguiente la pérdida de estanqueidad del grifo ya no es la solución.

Vientos donde de verdad no cabe otra que cooperar, de igual a igual, entre la cadena de suministro y los tractores, dejando sobrevivir al pequeño sin mermar sus porcentajes de margen de beneficio, conjugando estrategia, transparencia en orientación a unos resultados comunes.

Sinceramente creo que puedo decir y digo, que vuelvo con más optimismo que con el que vine, que la empresa no deja de ser compleja pero que el propio mercado está poniendo a cada cual en su sitio.

Ánimo y a por todas.

Natxo Vadillo – Compitte –