Daron Acemoglu, economista y profesor del MIT ha llegado a la conclusión de nuestro titular y yo no puedo estar más de acuerdo.

Sobre la corrupción política me da vergüenza hablar de ello, ya que no hay esquina en el país que se libre de este mal “ibérico”.

Pero lo que sí me parece destacable es hablar de la relación perversa entre la política y la empresa.

Conozco decenas de iniciativas públicas que se han realizado durante décadas en España, que no nos engañemos en la mayoría de los casos han sido el escaparate del político de turno, en la foto oportuna, que le permite ganar notoriedad y más centímetros cuadrados de titulares en la prensa.

En mi última visita a Sevilla me encuentro en el parque tecnológico Aeropólis, un tentáculo de la Cámara de Comercio de Sevilla que se hace denominar como “Vivero Aeronáutico: Incubadora de transferencia de tecnología aeronáutica”.

Este centro fue inaugurado ni más ni menos que por S.A.R. Felipe VI el año pasado, acompañado por su puesto de todas las autoridades de la Junta de Andalucía.

¿Y me pregunto yo? ¿De verdad que tenemos que seguir inventando la rueda? ¿No sería más eficaz regular ordenadamente los cientos de proyectos similares existentes en nuestra nación, valorar aquellos que de verdad funcionan con resultados concretos, se impulsen estos ya instalados, y se apoyen desde el mundo público para que la industria privada mejore?

Por ejemplo, en Euskadi ya tenemos en marcha el CFAA, (Centro de Fabricación Avanzada Aeronáutica). Con todo lujo de detalles, con el apoyo de la Universidad, con el apoyo de la administración, pero con un enorme despliegue privado de la industria local.

Por consiguiente, por favor señores administradores de los recursos públicos. Por favor colaboren, hagan lo posible para cooperar utilizando el dinero con raciocinio y ayudando a la industria apoyándola fiscalmente en su día a día que falta nos hace.

Natxo Vadillo – Compitte –