En el mundo de la ingeniería denominan el “valle de la muerte” en los estadios 5 a 6 nacidos, desde el estado del arte (la idea) a la puesta en el mercado para disfrute de los consumidores.

Parafraseando esta idea igualmente nos encontramos en nuestro particular “valle de la muerte” ante el estadio pericial cuando nuestros clientes (cadena de suministro) ocasionan daños y/o perjuicios por sus productos y/o servicios a sus clientes (fabricantes, Ome´s, integradores…).

Me tranquiliza saber que no soy el único que ha sufrido una situación tan engorrosa de no poder conseguir ante la opacidad de la información un resultado adecuado en el ajuste pericial que obviamente cualquier aseguradora tiene que lograr.

Hace unas semanas una de las principales empresas tier 1 en automoción a nivel mundial que suministra fundamentalmente estampación, reconoció públicamente que jamás conseguirá el escandallo de una marca de automóviles, sea quien fuere, basado en sus protocolos o métodos compliance internos que lo prohíben, para no desvelar su valor añadido y mucho más salvaguardarse ante un espionaje industrial.

Claro, es comprensible, ahora bien, tenemos un siniestro, nuestro cliente accidentalmente en su proceso ha cometido un error y ha suministrado piezas defectuosas que se han instalado en el producto final, que se detecta en una comprobación aleatoria saltando las alarmas.

Hay que remangarse y darlo todo en ese instante, es la hora de la verdad. Todo lo comprometido está en el aire y sin embargo a pesar de que le pongas todo tu empeño y ataques por tierra, mar y aire, te encuentras ante un muro imposible de saltar.

Y es que el cliente de nuestro cliente no colabora, no puede informar con total transparencia al servicio pericial y por consiguiente, se hace cuesta arriba considerar si la reclamación que formalmente te invita a atender, es la razonable asumir por tu asegurador.

Después de numerosos momentos vividos en mi carrera profesional, creo que he conseguido llegar a lograr la receta menos agria y amarga posible, ya que no nos encontramos ante una falta de cobertura (que quizás todo el mundo suele esbozar a la primera de cambio), únicamente nos encontramos ante el poder del grande sobre su cadena de suministro.

Vamos que son lentejas, que si quieres las comes y si no las dejas. Pero tengo que reconocer que para que entren en el apetito del sufrido asegurador, sinceramente hay que condimentarlas con datos históricos en base a experiencia y aún y todo, la cosa se cierne harto compleja.

Desde luego seguiremos en la búsqueda de un protocolo justo, persiguiendo como digo en base a la especialización, confiando en quienes dan soporte a los grandes y en su experiencia, para tabular las consecuencias y conseguir nuestro objetivo, que no es otro que ayudar a mantener la buena imagen y mitigar las pérdidas en el balance de nuestros clientes.

Natxo Vadillo – Compitte –