De vez en cuando a uno le hacen dudar de la independencia de los poderes del estado y en concreto de la separación de los mismos, mas aún con las últimas decisiones de los tribunales de justicia.

En este caso la Audiencia Provincial de A Coruña a mi juicio, ha demostrado su más absoluta incompetencia, al determinar que nadie actuó con imprudencia en el caso Prestige.

Se ha evidenciado que el barco era viejo, con un mantenimiento precario, con una obsolescencia técnica abrumadora, su estructura no soportaba la navegación y a pesar de ello se le permitió navegar con 77.000 toneladas de fuel.

La Audiencia Gallega es incapaz de determinar los responsables después de diez años de investigación, nueve meses de juicio, con una causa de más de 260.000 folios, a pesar de haber ocasionado un desastre ecológico de dimensiones incalculables.

Un Estado serio debe tener un poder judicial a la altura de las circunstancias. La Sentencia es inadmisible que declare que no hay culpables ni responsabilidades, cuando se han disfrutado de todos los medios posibles, con todo tipo de informes periciales, pero se mantienen en la postura de que no son suficientemente claros ni determinantes para calificar quienes son los responsables.

Desde luego no es un ejemplo de democracia, ni de confianza en los poderes, cuando no se aprovecha la ocasión para fallar con una sentencia ejemplarizante, que envíe señales a los desaprensivos – léase; que obra sin atenerse a las reglas o sin miramiento hacia los demás  -industriales, que no somos un país de pandereta y que no se pude navegar por nuestros mares sin cumplir con unos mínimos de seguridad.

Nunca Máis.

Natxo Vadillo – Compitte –