Desde su fallecimiento hace ya una semana, he leído numerosos artículos realizados por reputados autores, donde subrayan su inestimable ayuda durante la segunda mitad del siglo XX a la industria y la economía del país. 

No cabe duda de que el señor Ybarra ha representado la máxima categoría de un gran banquero que supo anticiparse a su tiempo con una evolución y estrategia empresarial enorme.

Sin embargo, quiero aprovechar este humilde homenaje para a su vez dedicarles unas líneas a todos aquellos industriales nacidos en la capital del mundo que es ni más ni menos que la Villa de Bilbao.

Por mucha gente enviados, los bilbaínos son una categoría de seres humanos especiales, superiores, fanfarrones y enormemente orgullosos de su sentido de pertenencia, de una forma de vida en una localidad que desde luego es única en el mundo y de un tiempo a esta parte un ejemplo de regeneración a todos los niveles.

Hoy en día visitar “el Botxo” es un placer, su amalgama de opciones más aún, y poder conversar con cualquier ciudadano autóctono de cualquier clase social un placer que me encanta saborear.

Un ejemplo de bilbaíno además de D. Emilio es mi querido tío José Ignacio. Ambos son personas con un altísimo grado de bonhomía, dícese de aquellas personas que desarrollan en sus actitudes una afabilidad, sencillez, bondad y honradez en su carácter y en su comportamiento.

Personas con éxito en los negocios, gente sin complejos que se aventuran a emprender donde fuera necesario, que además disfrutan de lo suyo, es en realidad lo que yo considero de ser bilbaíno, que, dicho sea de paso, como un servidor que les escribe, igualmente se identifica con este atributo especial que mi sangre me aporta al ser hijo de un súbdito rojiblanco. 

Con el Athletic y la Virgen de Begoña, te llevo muy dentro de mi corazón. 

Natxo Vadillo – Compitte –