Nuestras empresas, las empresas españolas, en gran medida están sobradamente preparadas para competir en la aldea global en la que vivimos.

Tenemos claros ejemplos de casos de éxito y ciertamente no hay muchos países que puedan presumir de tener tal alto valor añadido en sus productos y servicios.

Así por tanto la cadena de suministro española disfruta de una excelente reputación en el mundo entero.

Ahora bien. Nuestras pymes y no tan pymes suministran componentes a empresas líderes mundiales que son como mínimo 300 veces más grandes.

Desde luego es un honor y un orgullo ser seleccionado para poder aportar valor añadido en cualquier parte del mundo que sea elegida una empresa española, pero lamentablemente en materia de gerencia de riesgos y seguros en muy contadas ocasiones se analiza la exposición de los riesgos ante un proyecto singular traccionado por una gran industria.

Recientemente hemos conocido casos en Compitte de reclamaciones multimillonarias en cualquier divisa del primer mundo y en el más alejado rincón del planeta.

Estas industrias no se comparecen en absoluto de la dimensión de la empresa que suministra, ni valoran en absoluto el valor económico del contrato sino más bien el perjuicio en el patrimonio ocasionado o presuntamente ocasionado por nuestros clientes.

La pregunta es. ¿Ya tenemos adecuadamente dimensionadas las capacidades ante escenarios de reclamación ciertamente elevadísimos? ¿Analizamos caso a caso las consecuencias ante proyectos?

La respuesta es NO y creo que deberíamos de hacer continuamente este tipo de ejercicios para no hacer peligrar la estabilidad patrimonial ni de la empresa ni de sus propietarios.

Soluciones hay, solamente hay que sentarse a analizarlas y además posiblemente con costes más razonables de lo que a priori pueda pensar cualquier responsable financiero.

Natxo Vadillo – Compitte –