Este pasado jueves – 22 de octubre – en el Parque Tecnológico de Aerópolis, de la mano del medio de comunicación Interempresas, pudimos asistir a una serie de ponencias magistrales encaminadas todas ellas a la evolución de la tecnología en la aviación.

Comenzamos hablando de la actual revolución industrial llamada 4.0 que Europa está motivando para recuperar nuestra presencia mundial compitiendo entre otros con el plan Obama.

Ahora mismo el 40% de la producción mundial está ubicada en países emergentes, habiendo perdido la Unión Europea en estos años su liderazgo consolidado de tantos lustros, aportando únicamente el 25% de la fabricación.

Obviamente para poder competir tenemos que aportar mucho más valor añadido, por esto, básicamente la industria 4.0, lo que pretende es aportar mente factura a la mano factura, integrar inteligencia al producto final, que pueda ser auto gestionable durante su vida útil, que tenga embebidos dispositivos que aporten información, diseñando empresas inteligentes con maquinas multiproceso, con medición dimensional incluida, con multitud de procesos tecnológicos, consiguiendo automatizar al máximo la calidad en búsqueda de una eficiencia ideal, mediante máquinas colaborativas.

Las fases de la producción se desarrollan desde la ideal feliz o MRL 1, hasta la planta en fase de producción MRL 9. Sin embargo ocurre con demasiada frecuencia que los pasos intermedios MRL 6 y MRL 7, que son en concreto las fases críticas de paso a la puesta en marcha tienen demasiados gaps en la I+D+i, lo que hace en muchos casos fracasar proyectos geniales por su imposibilidad de fabricación.

El CFAA – Centro de Fabricación Avanzada Aeronáutica –  que se ha constituido recientemente en Euskadi de la mano de la Universidad del País Vasco, financiado por la administración y las empresas privadas, tiene la finalidad de innovar con las maquinas herramientas para conseguir deshacer estos gaps y por tanto poder fabricar lo que está en el estado del arte.

Todos los ponentes en cierta forma coinciden que hay que ir más por el camino de la prueba con los usuarios finales y menos en la planificación.

Por tanto, si colaboramos entre todos, plasmamos en una mesa las inquietudes, avanzamos en la tecnología, conseguiremos hacer aviones más competitivos que consuman menos energía, aportando mayor fiabilidad.

Este es el reto y Compitte ya ha empezado a aportar su grano de arena averiguando los riesgos del proyecto que dejan sin dormir a más de un ingeniero.

Natxo Vadillo – Compitte