Así es, de cota cero al nivel del mar en Mallorca, a la cúspide del planeta, Nepal. La picaresca humana, parece ser que no es únicamente una seña de identidad española.

Acojonante diría yo. Se ha descubierto que envenenaban deliberadamente a los sufridos escaladores con bicarbonato sódico, ocasionándoles dolencias gástricas para disparar toda una cadena de sobornos que incluían a los guías, los hoteles, las empresas de rescate e incluso a los hospitales.

Las comisiones que las empresas de helicópteros pagan a la compañía de trekking alcanzaba 2.000 dólares, cuantiosa indemnización si tenemos en cuenta que, por sus servicios low cost, estas facturan 500 $.

Negocio redondo que se ha cobrado innecesariamente alguna vida en más de cinco años que llevan con estas “costumbres” con más 1.600 rescates contabilizados.

Se estima que uno de cada tres ha sido un fraude, donde la media de indemnización ronda los 12.800 dólares, en ocasiones por un simple dolor de cabeza que, a lo mejor, hubiera sido suficiente con un par de ibuprofenos.

Semejante situación nos encontramos en el mediterráneo, donde por fin parece ser que ya se imputan penas de cárcel a los “educadísimos” súbditos británicos que denuncian falsas intoxicaciones alimentarias.

En 2017 interior identificó 800 turistas que reclamaron a través de “especializados” 77 despachos de abogados, ubicados UK.

Los delincuentes que se aprovechan de esta manera además de perjudicar la reputación, la imagen de un país, terminan como suele ser habitual, pagando justos por pecadores, así no se le escapa a nadie que las compañías de seguros estén en permanente alerta.

Lamentablemente impera en la suscripción, una permanente sospecha en librar el gol que de una u otra forma nos quieren meter, y es por ello por lo que en la mayoría de las veces no se terminan de concluir suculentas e innovadoras operaciones, precisamente por esto, por la lacra del fraude.

Desde luego soy partidario de sancionar con la máxima contundencia, poniendo en conocimiento del ministerio fiscal todas y cada una de las “pilladas” que todos aquellos que nos dedicamos a este oficio hemos podido comprobar en alguna ocasión.

Natxo Vadillo – Compitte –