Acaban de cerrar las bolsas del gigante asiático que se las promete muy felices siendo la segunda economía del mundo. Los analistas alegan a la ralentización de la economía y por consiguiente la revisión a la baja de previsiones de crecimiento de sus empresas.

El Gobierno de Pekín ha puesto en marcha desde hace unos días un plan de medidas urgentes para apoyar a sus índices bursátiles, después del prolongado desplome sin precedentes al menos desde 2007.

Las consecuencias de la debilidad China lleva a las materias primas a precios mínimos de hace 13 años y evidentemente a la falta de confianza de los inversores en aquel país.

Estos son datos y observaciones más que objetivas y de rigurosa actualidad. Sin embargo otros de los factores que han provocado durante las últimas décadas el crecimiento desmesurado de China, han sido entre otros muchos, la falta de capacitación profesional, la nula regulación laboral, inexistentes políticas en prevención de riesgos laborales y míseros salarios,  que hacen de sus empresas más competitivas que las Europeas.

Y así les luce, aunque lamentablemente siempre pagan justos por pecadores – me refiero a las víctimas del incendio y en especial a los nóveles e inexpertos bomberos desaparecidos – en el desastre del incendio del puerto de Tianjin.

Aún es temprano para evaluar el impacto en términos de contaminación química – millones de peces muertos en sus aguas – la amenaza tóxica de la atmósfera que hace peligrar incluso a los pobladores de Pekín – que apenas se encuentra a un centenar de kilómetros – los daños materiales ocasionados a los activos de la “zona cero” y por supuesto los daños personales con más de un centenar de fallecidos y casi un millar de heridos.

Lo peor de todo después de lo acontecido y de la conmoción que ha provocado este enorme siniestro, es que dudo mucho que la sensibilidad de los dirigentes de aquel país se ablande, y obliguen a las industrias a una rigurosa preparación para el tratamiento de los materias peligrosas por un lado, la prevención laboral por otro, la capacitación técnica de sus empleados y el cumplimiento de la normativa, no permitiendo la instalación de actividades nocivas cercanas a los núcleos de población.

En definitiva instalar políticas en gerencia de riesgos en evitación de siniestros de esta envergadura, y procurando llegar a un nivel mínimo de contaminación que no intoxique más al planeta por su mala praxis.

Natxo Vadillo – Compitte

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