En muchas ocasiones hemos escuchado a muchos autores que hay que adaptarse a los cambios. La especie que así sea capaz tiene posibilidades de supervivencia.

Esto si lo trasladamos al mundo de los negocios se me ocurre hacer una similitud con el automóvil y cómo a mi juicio los talleres deben de emprender una necesaria y constante reforma para adaptarse al futuro más inmediato que ya está aquí.

Hace unos treinta años, sin irse más remotamente, los coches apenas tenían tecnología distinta a la analógica. Así pues en los talleres era frecuente escuchar averías relacionadas con los platinos, la tapa delco, los taqués, sustitución de tubos de escape, amortiguadores, por ejemplo.

En la siguiente década se popularizó el catalizador, cambiamos a gasolina sin plomo, los encendidos eran electrónicos, las carreteras mejoraron sensiblemente por el derroche en infraestructuras con motivo de la Expo y las Olimpiadas del 92.

En consecuencia, al tener mejor gasolina ya no se estropeaban con tanta frecuencia los silenciosos, no se reventaban tanto los amortiguadores al mejorar los firmes y se empezaba una tremenda carrera por engordar los coches a base de ir incorporando más y más sistemas de seguridad.

Los talleres tuvieron que pasar de ser mecánicos puros, a especializarse en electrónica dado que ya no fallaban tanto los componentes y si sus centralitas, relés, fusibles, etc…

Ahora ya en pleno siglo XXI, ya no se repara nada. Todos los diagnósticos los analiza una máquina que indica la avería que sin más hace que se sustituya un componente u otro.

Pero es que la revolución viene ya. Con la desaparición de los combustibles fósiles antes de lo que nos demos cuenta, estaremos viajando en “electrodomésticos con ruedas” eléctricos puros, vehículos híbridos, mediante gas natural o con pila de combustible.

En esos momentos, ¿los talleres que será de ellos?. Los motores eléctricos no tienen el mantenimiento de los motores de explosión. La entrada de internet a bordo de los coches facilitará los recorridos más eficientes, se evitarán los usos distintos a los ecológicos, la soberanía de la conducción ya no será total del ser humano y si de mil y un sensores que vigilarán nuestra conducción.

Es ahora cuando toca empezar a prepararse para el futuro. Tenemos que adaptarnos a la evolución de la especie, siendo inevitable el progreso en este aspecto aún cuando todos añoremos los viejos cacharros puros completamente analógicos.

Natxo Vadillo – Compitte