Ninguna, absolutamente ninguna empresa en el mundo puede sobrevivir sola. Todo el mundo en más o menos medida tiene que subcontratar productos o servicios.

Qué importancia tienen los neumáticos en la formula uno, ¿verdad? ¿Cuántos mundiales se han perdido por errores de estrategia en el calzado, de las máquinas más perfectas y rápidas del planeta? Sin embargo, las ruedas no forman parte del “Core” de ninguna escudería, pero son imprescindibles para ganar un campeonato.

Este símil me permite extractar la idea que quiero plasmar. Y es que volvemos con nuestra particular cruzada evangelizadora para insistir en mitigar los riesgos plurales.

Desde un desafortunado pequeño incendio que te impide abastecer con regularidad a tu cliente, pasando por un inesperado problema informático que igualmente te limita temporalmente en tu producción, incluso poniendo entredicho la confidencialidad que te une con tu tractor, hasta el accidente fortuito que desgraciadamente sufre un empleado subcontratado con consecuencias fatales, son hechos reales que aseguro nadie quiere soportar y sin embargo son por desgracia demasiado casuales.

¿Tienes un plan de contingencia? ¿Cómo vas a actuar ahora que no puedes abastecer a tu cliente de automoción?

¿Y qué solución tienes cuando en un proceso auxiliar como un tratamiento térmico dañan irreparablemente la pieza, por cierto, elemento critico de alto valor añadido y alto valor absoluto?

Continuidad de negocio, monitorización informática, análisis contractual Compliance, coordinación entre actividades empresariales, etc… son algunos de los elementos que entre otros muchos más debemos de evaluar y tomar decisiones.

Transferirlos eficazmente a un tercero, bien sea empresa o servicio y más aún depositar la confianza en un buen seguro propio evaluando meticulosamente el resto de la cadena de suministro es clave del éxito ante una contingencia.

Y es que la verdad es que no hay margen de maniobra en la mayoría de las ocasiones. Nuestros recursos y capacidades están al límite con unos ratios de beneficios muy ajustados para ser competitivos, donde a perro flaco todo son pulgas.

Te invito a dedicar unos minutos a reflexionar. Hazte preguntas… ¿qué pasaría sí…?

Natxo Vadillo – Compitte –