Se sorprenderían Uds. al grado de análisis al que hemos podido llegar buceando conjuntamente con nuestros clientes, en la maraña de documentos que muchas empresas justifican sus obligaciones contractuales.

Es absolutamente irresponsable que aún hoy en día organizaciones de reputación técnica intachable, con una imagen ganada durante muchos años con un buen hacer profesional de sus fundadores, sigan a eso a lo suyo, a continuar trabajando en el taller mirando hacia otro lado sin preocuparse de la gestión.

Así nos va en algunos casos por todos conocidos, donde se han visto naufragar más de un modelo de empresa a priori ejemplar.

Por suerte, poco a poco van calando implantar metodologías más rigurosas en el cumplimiento del compromiso, no solamente en el ámbito puramente técnico, si no además en el rigor formal documental de la trazabilidad del producto, formal en el ámbito impositivo y administrativo, formal en el fondo y la forma de la transferencia de los riesgos.

Dicho en otras palabras. En el ámbito de la gerencia de riesgos y seguros, no se sorprendan en adelante si se encuentran con requerimientos cada día más selectivos, que además pasan a estar analizados con extrema precisión del cumplimiento contractual, es decir, si de verdad el documento presentado responde a la necesidad aseguradora exigida.

Ejemplos hay miles y como se suele decir el papel lo soporta todo, hasta que o bien ocurre una contingencia o simplemente se detecta el “infractor” durante una auditoría rutinaria.

El país de la picaresca en este sentido, debe de cambiar y debemos entre todos, cada uno a su nivel, poner toda la carne en el asador, no sólo en hacer bien las cosas, sino además en acompañarlas de las adecuadas capacidades aseguradoras exigidas, al igual que somos exactamente cumplidores con nuestras obligaciones fiscales.

Natxo Vadillo – Compitte