Posverdad, dícese de la distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales.

Demonizar, dícese de atribuir a alguien o algo cualidades o intenciones en extremo, perversas o diabólicas.

Estas dos palabrejas definen a la perfección la actual corriente que en lo público que estamos viviendo en Europa y en España de guerra sin cuartel al vehículo de gasoil.

Llevo muchas semanas pensando en escribir sobre este asunto, más aún ante la carrera frenética vivida en agosto de matriculaciones, que han llenado los concesionarios de enormes oportunidades de stock de kilómetros cero.

La realidad de toda esta demagogia no tiene otra explicación que la tributaria. Es decir, nos están manipulando perversamente para cambiar los hábitos de consumo influyendo en la decisión de compra ante los coches de gasolina que contaminan más que un diésel moderno.

Y es que hay que decir que un coche anterior a septiembre de 2009 en efecto es susceptible de reprocharlo como “sucio”, sin embargo, a partir de esa fecha se incorporan en los coches filtros de partículas que eliminan prácticamente la totalidad de las partículas no quemadas y también se añaden sistemas en base a disolución de urea que hacen desaparecer los óxidos nitrosos.

Por consiguiente, hoy en día un coche propulsado por gasoil es menos contaminante que su homólogo de gasolina de semejantes prestaciones.

Continuando con mi personal visión, si que es cierto que la fiebre que en décadas hemos vivido del consumo de turismos de  gasoil, no es lógica para todo el mundo. Es decir, aquellos ciudadanos que apenas usan sus coches y de hacerlo, lo hacen en ciudad, en efecto más tarde que pronto se han dado cuenta que el aparente ahorro energético se desvanece automáticamente en cuanto sufrimos cuantiosas averías.

Esto es debido a que todos estos periféricos que forman parte de los sistemas de alimentación y escape pueden obturarse ante un uso eminentemente urbano, sin embargo, un gasolina convencional moderno, le vale y le sobra con un catalizador únicamente.

Técnicamente la diferencia más relevante es muy simple, unos son de explosión y otros son de combustión. Unos deben de girar al doble de revoluciones de cigüeñal que los otros y a ambos les afecta severamente la pérdida de comprensión por desgaste a base de kilómetros, emitiendo humo blanco al quemar el combustible con el aceite los de gasolina por el contrario el gasoil emitiendo humo negro ante la falta de presión necesaria y por consiguiente emitiendo partículas a la atmósfera sin consumir.

Quizás me estoy decantando en una escritura demasiado técnica, pero es algo que me apasiona desde niño. Les pido disculpas si es así, pero quiero que cale mi opinión ya que la alternativa más económica, lógica y real, serían promocionar los vehículos híbridos a gas, bien sean GLP o GNC, pero claro esto no interesa ya que son combustibles altamente subvencionados.

Al margen de esto, para quitar de nuestras carreteras chimeneas que las hay y no pocas, desde las ITV deberían de valorarse los valores de comprensión más que otras circunstancias, otorgando facilidades a los consumidores que sirvan para mitigar el envejecimiento del parque automovilístico.

Todo ello en un contexto además que seguro que tiene sus repercusiones en el empleo como se puede apreciar por ejemplo en mi Vitoria, donde la propia Mercedes, se está planteando bajada de producción ante la incertidumbre que se está provocando.

Por eso ojo al dato. Cuidado, mucho cuidado con la manipulación “inteligente” que están verbalizando algunos gobiernos que se consideran verdes.

Natxo Vadillo – Compitte –