Después de lo ocurrido esta semana pasada en París, y a resultas de las investigaciones de los servicios de información Franceses, se averigua que muchos de los yihadistas rondan a sus anchas por Europa, ya que los estados miembros se han relajado en exceso ante la amenaza.

Hoy en día la opinión pública Francesa reconoce que prefiere tener menor libertad a cambio de mayor seguridad pública.

Bruselas en estado de sitio, lo nunca visto. Las fuerzas armadas Belgas dan la impresión de estar buscando una aguja en un pajar y la verdad es que no me extraña que esto ocurra.

Analicemos el epicentro del radicalismo Europeo. Molenbeek, todo un gueto, donde la integración en la sociedad occidental de nuestras costumbres no está ni se le espera, con elevada tasa de paro, donde obviamente se genera un germen de odio si no se controla y se mitiga con políticas sociales ordenadas y bien gestionadas por gobiernos eficaces.

Pero es que Bélgica lamentablemente lleva años y años sin gobierno estable, con un país separado por distintos intereses entre la región norte más identificada con Holanda, enfrentada con el sur que mira hacia Francia y en medio Bruselas que es una ciudad que funciona dentro de su inestabilidad por todo el movimiento público que genera su capitalidad acompañado de los lobby.

Mientras tanto en otro lugar del mundo se matan todos los días a cientos de personas, lugares que en su día fueron invadidos por nosotros y que ahora no hemos dejado, más que sentimiento de venganza y que además sin transición lógica nos marchamos.

Por el mero hecho de haber nacido en Europa tenemos un derecho adquirido los ciudadanos que contribuimos con nuestros impuestos a tener paz y bienestar.

A la pobre gente que acude a nuestro acogimiento, que huye de sus guerras, tenemos la obligación de integrarlos y tenemos que tener políticas comunes sociales entre todos los países miembros para que no se escape los problemas de las manos, sin olvidar que hay que invertir en el problema de origen en su país consiguiendo una transición eficaz y duradera utilizando las fuerzas armadas en tiempos de paz en construir países gobernables.

Mientras tanto seguimos en este momento de pánico que no debemos olvidar ni relajarnos colaborando entre todos, incluyendo cualquier ciudadano de bien de cualquier credo y religión de forma permanente.

Conclusión, la receta para este gravísimo problema no es otra que cooperación en origen de verdad y control con integración en local.

Para eso pago impuestos para que se nos confirme seguridad y bienestar.

Natxo Vadillo – Compitte –

 

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