Continuando con la crisis del caso 737 MAX, poco a poco vamos apreciando con el paladar de la amargura más y más datos que nos traen por la calle del mismo nombre.

Parece ser que Boeing ofrecía en el modelo como opcionales los sistemas de seguridad que habrían podido evitar un accidente por mal funcionamiento del MCAS, dejando a criterio de la aerolínea su incorporación, en vez de haberlos considerado parte inseparable del mismo paquete MCAS. Y mientras, las autoridades reguladoras mantenían la certificación de tipo de este modo, sin exigir tampoco su obligatoria inclusión en el equipamiento básico.

Lamentable, por unos y por otros. Jugar con la seguridad cuando la tecnología existente permite garantizar un plus y por consiguiente mayor certidumbre, y más en el mundo de la aviación, es cuando menos execrable.

Porque deja a Boeing en un punto crítico, y no pequeño: si ello obedecía a un afán comercial del fabricante, que pretendía incrementar así los ingresos por avión gracias a la incorporación de estos opcionales, consciente de su necesidad, desde luego lo dejaría en muy mal lugar. Pero aún empeoraría si no era tal cosa, y lo que en realidad ocurría era que no consideraba que fueran necesarios, lo que supondría que no era consciente de la propia fiabilidad del MCAS, y de las consecuencias de su funcionamiento inadecuado.

Pero no solo al fabricante: la autoridad reguladora juega un rol esencial en la cadena de seguridad, y no puede permitirse actuar de manera tibia, no podemos permitirnos que actúe de manera tibia.

Gravísimo se mire por donde se mire, inconcebible en aviación, e inaceptable en la era que vivimos donde la dependencia de la tecnología es tan imparable que es imprescindible garantizar la calidad del servicio antes de su puesta en marcha.

Esto solo demuestra que los riesgos potenciales a analizar en aviación van más allá de los evidentes, son complejos y abarcan no solo los derivados del tipo de operación. La necesidad de contar con know-how técnico especializado, y abordar el problema desde un enfoque global, se hace clave como elemento diferenciador en un mercado cada vez más exigente. Las compañías aéreas, los millones de usuarios, no pueden conformarse hoy día con el mismo servicio que tenían hace décadas, y el valor añadido será el que marque la diferencia en todos los flancos de interacción: técnico, operacional, administrativo, asegurador, financiero…

Hoy se anuncia que una línea China ha decidido adquirir ni más ni menos que 300 aviones Airbus para su flota. Enorme golpe de efecto que Boeing y en general todo el sector deberá apreciar con rigor y dejar de jugar con la ambigüedad y con la vida de los demás.

Seamos pragmáticos y como hace ya muchos años nos tienen acostumbrados en el transporte por carretera, por ferrocarril y marítimo, presumamos en la publicidad de las características que incorpora la aeronave y no sólo en términos de confort, equipamiento y entretenimiento, sino además de todos aquellos sistemas de seguridad que permitirán disminuir nuestro estado de ansiedad, y el de las personas que dejamos en tierra cuando volamos.

Natxo Vadillo – Compitte by AGS