Casualmente en época estival y fundamentalmente en áreas muy pobladas temporalmente puramente turísticas se producen una concatenación de circunstancias que provocan serios  apagones de luz. Sino que se lo pregunten a los sufridores ciudadanos de las Islas Baleares.

Uno de los episodios ocurrido el pasado día 21 de junio afectó a casi la mitad de la capital de la Isla de la Palma provocando situaciones de pánico por parada de ascensores, de seguridad al dejar de funcionar los medios habituales de detección de metales, problemas de colapso administrativo al tener que dejar de realizar las tareas habituales en los juzgados y oficinas, problemas en definitiva a la ciudadanía en general como posibles accidentes de tráfico al dejar de funcionar los semáforos, el metro de la ciudad que se para,  etc, etc….

Normalmente las empresas concesionarias del suministro suelen alegar distintas hipótesis que bien pueden ser con frecuencia fallos de la mecánica de la subestación, sobre carga, incendios o la famosa causa de la fuerza mayor.

Y yo me pregunto. ¿No es posible diseñar, probar, instalar y tener preparados sistemas que sean redundantes?. ¿No podemos doblar nuestras acciones preventivas en estos momentos puntuales?. La técnica tiene más que inventadas soluciones pero creo que en este país no se le da la importancia que tiene a estos problemas que tenemos que sufrir los pacientes usuarios.

La energía es clave. Nuestra dependencia brutal. Las inversiones de mejora y mantenimiento creo que no son las convenidas y las consecuencias que puedan ocasionar los parones pueden tener efectos devastadores e incluso que lamentar alguna vida.

Creo que conviene que hagamos una sería reflexión y motivemos a nuestras autoridades y al lobby energético a dar e instalar capacidades suficientes para ahora y el futuro (Natxo Vadillo – compitte.com)