Mucho se habla de la fábrica del futuro, o de la industria 4.0, o de la fabricación avanzada…

Son temas nada baladíes y que nos suenan bien. Asuntos que nos aprietan. Y parece evidente que en cualquier espacio geográfico con dilatada tradición industrial y cuya economía se sustente en la industria como el País Vasco, estas son líneas que nos marcan un camino a seguir. Y es que sabemos que una industria fuerte significa empleo, riqueza y sostenibilidad.

En un entorno global  que es en el que nos toca movernos, compitiendo con tantos países avanzados y emergentes, necesitamos nuevos procesos, tecnologías innovadoras y eficaces modelos, herramientas y sistemas que nos permitan posicionarnos mejor.

No faltan iniciativas interesantes que nos desbrocen el camino, ni apuestas  firmes entre todos los agentes industriales del entorno por caminar en esa senda de excelencia industrial.  Así, vemos iniciativas como Catapult (Reino Unido), NNMI (Estados Unidos), Industrie 4.0 (Alemania)… que, nosotros en la aeronáutica y otros en su sector, debemos observar y adaptar a nuestras circunstancias, conociendo nuestras limitaciones y aprovechando nuestras ventajas.

También se nos habla de la Nube, del Bid Data, de CPSs, la revolución de la sensórica, la instrumentación, la automatización…. De tantos elementos que nos ayudan a ser mejores en precio, plazo, calidad y servicio.

Todo esto está muy bien – mejor que bien –, es muy importante. Es más, conviene estudiarlo, observarlo, analizarlo, trabajarlo, implementarlo y explotarlo. Claro que sí.

Y en esto estamos todos: empresas, administraciones, clusters, centros tecnológicos y de formación… Estupendo.

Vayamos un poco más allá y contemos con un factor que hemos dejado de un lado: ¡los demás! Soñemos un poco en un futuro ilusionante y en unos porqués que lo fundamenten y en unos cómos que lo puedan construir contando con… los otros.

Vayamos con los porqués

La cadena de valor de un producto es la suma de la actividad de cada elemento de la cadena y cada uno debe ser eficiente: las empresas grandes integradores finales, tier 1, suministradores de primer nivel, tier 2, tier 3, micropymes. Todos son necesarios y dependemos de ellos para que en el producto final se entregue con un precio, plazo, calidad y servicio competitivos.

Todos contribuimos con valor añadido. Cada elemento de la cadena aporta su visión y esa diversidad enriquece el producto final.

Las empresas grandes necesitan que las pequeñas sean excelentes y viceversa. Los elementos deben funcionar bien. Es preciso que la cadena fluya eficazmente. Nos necesitamos.

El último porqué: la experiencia positiva que en el sector aeroespacial ha sido la tradición de disfrutar de una política de desarrollo de proveedores profunda, con equipos del cliente que, desplazados, ayudaban a sus proveedores a conseguir suministrar productos bajo los parámetros exigidos.

Los clientes eran conscientes, además, de que los proveedores eran una pieza fundamental en el desarrollo de componentes complejos que requieren del conocimiento de todos, y en programas como los aeronáuticos de tan a largo plazo que permiten moldear relaciones más sólidas. Esa relación constante y vital acercaba más al suministrador a la figura de colaborador, y es beneficiosa para ambos y para todo el sector.

Y pasemos a los cómos

Hablemos de políticas reales de desarrollo de proveedores, donde este sea uno más en el ciclo del producto y donde su participación sea vital para el cliente desarrollando en conjunto las mejores soluciones. Involucración y compromiso de desarrollo conjunto.

Hablemos de relaciones sanas, transparentes y lícitas donde se respeten los plazos de pago y las personas.

Hablemos de unos clientes pidiendo que se llenen sus “buzones de sugerencias” para aceptar con humildad y agradecimiento las ideas de mejora.

Hablemos de dar pasos serios en cuanto a hallar la dimensión empresarial idónea, y no tener miedo a sentarse y hablar para logar tamaños adecuados que nos permitan minimizar riesgos y atender demandas.

Hablemos de desarrollar proyectos de mejora en cooperación donde haya compromiso por parte de todos, de fomentar la confianza hasta el punto de que la solución de uno sea la suma de la suya y la de otros para, entre varios, llegar a más.

Hablemos de combinar cadenas de valor, es decir, de trabajar conjuntamente entre agenes y diferentes sectores para racionalizar la cadena de suministro haciéndolas más eficaces, desechando aquello que reste.

Si, hablemos de lo que somos: personas que se necesitan unas a otras – para eso se crean las empresas – y que constituyen un objeto común. Nunca hemos estado tan interconectados como ahora para poder llevar esto a cabo más fácilmente.

La fabrica del futuro pasa necesariamente por la colaboración 4.0, una cooperación sincera, de confianza, con espacios seguros donde las capacidades diversas se han convertido en complementarias, donde las relaciones cliente-proveedor son relaciones de equipo sano. Saquemos lecciones de las relaciones que han llevado a tantos desencuentros y crisis en todos los negocios, y aprendamos de los que confían en sus proveedores-clientes como en sus colaboradores.

Estamos en una tierra de gran tradición cooperadora y asociativa, y es una maravilla ver los frutos de solidaridad que da continuamente. Algo hay en esa actitud que genera un efecto multiplicador. Aprendamos de los errores en otras cadenas de valor, confiemos de verdad en las personas y en su valía. Construyamos una nueva relación cliente-proveedor.

Es hora, por tanto, de abrir los ojos a la realidad y construir una industria con tecnologías avanzadas, organizaciones avanzadas, fábricas avanzadas y, sin duda, con “colaboraciones avanzadas”.

Cuando observamos a los clientes y a los proveedores con una mirada constructiva, somos auténticos colaboradores.

José Juez y Martín Fernández de Loizaga. Hegan.