Homicida es cómo se califican los incendios que este otoño estamos observando en Galicia.

Todo indica que son provocados poniendo en peligro además de a las personas, la flora, la fauna con daños irreparables en años en el ecosistema, a las industrias, las viviendas, en definitiva, a todo lo que se ponga por su camino.

En verano vimos horrorizados cómo fue una ratonera para las personas un tramo de carretera dónde acabó con las vidas de decenas de personas en Portugal.

En California esta semana,  han desaparecido más de 200 personas, han fallecido más de 40, se han destruido miles de casas devastadas por las llamas.

Se evacúan núcleos urbanos completos preservando la vida, ante todo, pero aún por encima no cabe en cabeza de nadie los motivos que provoquen un cerillazo.

La tormenta perfecta volviendo a Galicia. Un huracán “Ophelia”, una terrible sequía, los montes abandonados, vientos sur, en definitiva, todos los ingredientes necesarios para alimentar las llamas sin control de un combustible, altamente necesario para nuestra supervivencia.

Además de endurecer penalmente sin piedad a los responsables, tenemos que implementar urgentemente políticas que prevengan el cuidado y limpieza permanente de nuestro entorno forestal y rural, bien con protección civil, con voluntarios, desempleados, reclusos, quién sabe, si en definitiva deberíamos volver a tener una “Mili”, eso si, civil en nuestro común beneficio.

El mundo rural puede vivir sin la ciudad, pero la ciudad no puede vivir sin el mundo rural.

Natxo Vadillo – Compitte –